VIDEITOS MANDAN

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viernes, 30 de enero de 2015

LOS PLATANEROS RESGUARDAN LA UNT


Valiéndose de documentación falsificada y presentando serios vicios en el proceso de contratación, la empresa de seguridad privada Avance S.R.L., vinculada a la organización criminal ‘Los Plataneros’, ganó la adjudicación para prestar el servicio de vigilancia particular a la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). 

Según estipula el contrato firmado entre ambas partes, desde el pasado 18 de enero que aproximadamente setenta agentes de Avance prestan el servicio de seguridad particular a todas las sedes administrativas y académicas, incluyendo los domicilios de las altas autoridades de dicha casa superior de estudios. 

Sin embargo, sorprende que el área de abastecimiento de la UNT –que es la encargada de finiquitar el contrato de vigilancia– haya pasado por alto las groseras observaciones presentadas por Avance, representada legalmente por Marco Antonio Marquina Cerna, durante el concurso para adjudicación de la plaza de seguridad por los próximos doce meses. 

Por estos delitos, el Ministerio Público le inició procesos, los cuales están consignados en los expedientes: 2006-4061 por extorsión a Magda Alcántara Velarde; 2006-4064 por robo agravado a Amancio Esquivel Andrade; 2012-2204 por fabricación, suministro y posesión de explosivos en agravio del estado, además de falsificación documentaria en agravio de la Municipalidad Provincial de Trujillo (MPT), entre otros.

Cabe precisar que la UNT firmó un contrato de un año con la empresa vinculada a ‘Los Plataneros’, por un monto de 4 millones 795 mil nuevos soles. Avance inició sus labores desde el 18 de enero y también resguarda las viviendas del rector Orlando Benítes; Flor Luna Victoria Mori, vicerrectora administrativa y Vilma Méndez Gil, vicerrectora académica de la UNT.

ESPAÑA DEBATE LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA


martes, 27 de enero de 2015

lunes, 26 de enero de 2015




MENORES SE AMANECEN EN CABINAS DE INTERNET

CLICK!


NISMAN, EL HOMICIDIO, LAS CONJETURAS



La muerte del fiscal general Alberto Nisman ha abierto una herida enorme en Argentina sumergiendo al país, nuevamente, en el torbellino de los homicidios políticos, infierno que esperaba haber dejado atrás. Infierno que abre las puertas a conspiraciones y conjeturas de las que ya están saturados tanto la Web como los medios de comunicación.

Este homicidio resulta increíblemente difícil de interpretar si se pretende evitar el recurso a estériles teorías de complot.

Las presencias de Nisman en la embajada estadounidense en Buenos Aires –reveladas por los cables de WikiLeaks- pueden ser interpretadas no sólo como sumisión de Nisman a los servicios secretos estadounidenses e israelíes, sino también como una voluntad del magistrado de compartir informaciones y buscar pruebas para sus tesis sobre un país, Irán, al que Estados Unidos está muy atento.

Quienes consideran que Nisman trabajaba para la CIA y el Mossad lo hacen en base a un supuesto: la investigación que involucraba a la presidenta Cristina Kirchner tenía más valor en la política exterior que en la política interior y servía para desacreditar al Irán de Ahmadinejad en el ámbito internacional, abandonando la pista siria para el atentado de 1994 contra la AMIA. Un Irán que, en esa época, era enemigo jurado de los Estados Unidos.

La desenvoltura con la que Cristina Kirchner y el Frente para la Victoria intervienen en la política internacional ha dado lugar, además, a las conjeturas inmediatas desde el primer momento. Sin hablar de la dificilísima situación que está viviendo el país: la corrupción de sus organismos policiales es enorme y a la pregunta que nos hacemos con frecuencia respecto de cómo es posible que en un país con un tráfico de drogas tan presente no exista una mafia, la respuesta desconsoladora es que gran parte del narcotráfico está justamente en manos de la policía. 

A nada de esto se ha opuesto Cristina Kirchner y sobre todo, la Argentina nunca se libró verdaderamente del peronismo gracias al cual se convierten en presidentes las esposas de los ex presidentes, gracias al cual los presidentes son llamados por su nombre por razones de cercanía y afecto, gracias al cual la que se impone es siempre la interpretación conspiradora en clave antiamericana. Populismo y promesas y jamás un verdadero camino de cambio. Ese es el pus que brota de la herida de este homicidio político.

Pero si bien es cierto que en breve Nisman prestaría testimonio ante el parlamento sobre el expediente que había preparado sobre la presidente, culpable, según él, de haber obstaculizado la investigación sobre el ataque terrorista de 1994 contra la AMIA, también es cierto que su imprevista muerte arrojó una sombra siniestra sobre el propio gobierno que, aun no estando directamente involucrado, se ve obligado a buscar justificaciones constantes.

Entre las tantas anomalías encontradas, la que más me impresionó es que en el edificio no hubiera rastros de la custodia armada que sin embargo había sido asignada a Nisman a raíz de las amenazas recibidas. Eran diez agentes de la policía que, al parecer, debían reunirse con el fiscal al día siguiente y que no protegían su departamento. De diez hombres de custodia ni siquiera uno vigilaba el edificio, pese a que las fuentes señalan que Nisman temía por su vida justamente debido al carácter sumamente delicado de la investigación y a la atención que estaba atrayendo a nivel internacional sobre el gobierno argentino. Y la memoria de Nisman a partir de las conjeturas de estas horas quedará fuertemente mancillada. 

Se dirá que los americanos le dieron el libreto en contra de Irán, que WikiLeaks lo descubrió y que los mismos americanos lo liquidaron. Esta tesis límpida, lineal no tiene en cuenta las dificultades del gobierno, la necesidad de acuerdos favorables sobre la adquisición de petróleo. Y tampoco tiene en cuenta el hecho de que las investigaciones de Nisman y los objetivos del gobierno de Kirchner no debían necesariamente llevar a este epílogo: un homicidio por el cual la primera que pagará a nivel internacional será justamente la presidenta.

El caso Nisman me recordó lo que le ocurrió a Anna Politkovskaja, asesinada con una pistola que parecía armada por Putin. Y sin embargo, pese a todo, en estos casos, más que elaborar conspiraciones, el pensamiento debe ser siempre lateral y proponer conjeturas que no individualicen como culpable al mayor sospechoso. 

Quizás el homicidio fue orquestado por alguien que había perdido protagonismo y apoyo; hay quienes piensan en una unidad de los servicios secretos cuyas cúpulas fueron despedidas por el gobierno unas semanas atrás. Kirchner se encuentra ahora en un grave problema no sólo porque evidentemente ella es la parte más expuesta por las investigaciones de Nisman, sino que se halla en una situación dramática en razón de que todos sus errores y todas las contradicciones que vive Argentina no podrán permanecer ocultas detrás del habitual barniz de la lucha contra el imperialismo americano, de la resistencia a las injerencias estadounidenses.

Lo cierto es que nunca se llegará a la verdad –a una verdad reconocida como tal y a la cual se dé crédito- ni siquiera cuando Viviana Fein, la fiscal que está siguiendo el caso, aporte la reconstrucción de los hechos porque la batalla es y seguirá siendo política, es y seguirá siendo ideológica: contra o a favor de Kirchner, contra o a favor de EEUU, con la participación de Israel y el Mossad. Siempre que aparece un hombre de origen judío, ya sea periodista, político o incluso actor se hace oír la voz silenciosa de que pertenece a los servicios secretos israelíes. 
Y para complicar aún más las cosas, la propia presidenta interviene con sus mensajes en Facebook. Cristina habla primero de suicidio, luego de homicidio, después dice que las acusaciones en su contra fueron orquestadas por la prensa y tendrían una conexión con lo que ocurrió en París, con el atentado contra la redacción de Charlie Hebdo.

Es evidente que en este momento todos están contribuyendo a enturbiar las aguas. Es evidente que la verdad, ya sumergida bajo una avalancha de mentiras, será imposible de encontrar y que el caso Nisman será el enésimo homicidio sobre el cual dentro de veinte años seguirán haciéndose conjeturas. Las que pagarán serán su memoria y la Argentina misma en su legitimidad.

Roberto Saviano es periodista y escritor italiano. Autor de "Gomorra" y el más reciente, "CeroCeroCero" (Anagrama, 2014).




domingo, 25 de enero de 2015

sábado, 24 de enero de 2015

martes, 20 de enero de 2015

lunes, 19 de enero de 2015

LA CULPA ES DEL FANATISMO, NO DEL ISLAM



En estos días, muchos están furiosos con los musulmanes. No olvidemos que esto ante todo tiene que ver con unos fanáticos y no con los musulmanes. La peste del siglo XXI no es el islam sino el fanatismo. Los asesinatos de la semana pasada en París tienen mucho más en común con los cristianos violentos y los judíos racistas que con los musulmanes pacíficos.

Quizá sea hora de dejar de confundir el multiculturalismo y la corrección política con el relativismo moral absoluto. El asesinato es un mal absoluto, no un mal relativo. Algunos defensores del multiculturalismo radical, algunos creyentes en la corrección política fanática nos dicen: “Bueno, ustedes creen en la libertad de expresión, otros creen en Alá, ¿dónde está la diferencia entre ustedes y ellos?” La diferencia es que los que creen en la libertad de expresión no asesinan a los que creen en Alá, mientras que unos pocos de los que creen en Alá están masacrando a los que creen en la libertad de expresión.

El verano pasado estuve internado en un hospital y tuve una conversación con una joven enfermera árabe. Me dijo que millones de televidentes de todo el mundo ven manifestaciones callejeras de musulmanes extremistas que gritan eslóganes fanáticos y agitan los puños. 

Pero nadie ve en la television a los millones de musulmanes que, durante esas exaltadas manifestaciones, están sentados en su casa tras puertas y persianas cerradas, mordiéndose las uñas. Me rogó que siempre recordara no a los cientos de musulmanes militantes de las calles sino a los millones de musulmanes pacíficos que se quedan en casa.

En el mundo islámico hay enojo y sentimientos de derrota y humillación. Los musulmanes deberían tratar de lidiar con esos sentimientos. El problema de muchas sociedades musulmanas son los maridos que obligan a sus esposas a seguir siendo ignorantes y a estar aisladas. Una mujer sin educación tiene que darle a su hijo. Un hijo que recibe muy poco de su madre antes de ir a la escuela está casi destinado a quedar rezagado y a veces a convertirse en una persona frustrada e incluso violenta. 

Este podría ser uno de los problemas que tienen que abordar las comunidades musulmanas. Hasta que esto no ocurra, el resto de nosotros debemos trazar un límite muy claro entre el pluralismo y la sumisión, entre la tolerancia y la contemporización, entre dar un tratamiento estricto a los fanáticos violentos y reaccionar con un antifanatismo histérico.

Amos Oz es escritor e intelectual israelí. Profesor de la Ben Gurion University.



domingo, 18 de enero de 2015

BOSÉ EL GORDITO




viernes, 16 de enero de 2015

miércoles, 14 de enero de 2015

domingo, 11 de enero de 2015

LA UTOPÍA DE LA CIUDAD MULTICULTURAL BAJO ATAQUE



No hay oráculos en la novela Soumission. Michel Houellebecq es apenas un sismógrafo creativo de la Europa actual, que profundiza su multiculturalismo en la misma medida en que se agravan las peleas territoriales en Medio Oriente. Es en este punto que su novela se toca con los Versos satánicos, de Salman Rushdie, y con la sátira anti-clerical de Charlie Hebdo. 

Ningún lenguaje corroe tanto como la sátira; género clásico, parte de la premisa de que no existe nada sagrado, de lo que no podamos reír. Y es evidente por qué el regreso del pecado de blasfemia ocupa el lugar que en siglos precedentes tenía el escándalo de libertinaje sexual: a los juicios reales contra Gustave Flaubert y Choderlos de Laclos hoy corresponde la persecución y muerte a quienes no respeten el tabú religioso. 

Frente a las obras, sean novelas o caricaturas, hay un terrorismo que no merece llamarse islámico porque parte de una instrumentación criminal, una operación propagandística montada sobre obras de ficción: la interpretación está en el corazón del librepensamiento, al contrario de los dogmas. Como la fatwa lanzada por el imán Kohmeini, que en 1989 inauguró la confrontación con Occidente en términos religiosos, el ataque de París engarza las caricaturas de Charlie y la novela Soumission a los fines de un guión radicalizante. Y es tanto lo que sirve a los fanatismos, y en especial a una islamofobia rampante en toda Europa que este lunes llenó una plaza de Dresden, Alemania, en contra de la inmigración, que hasta sugiere la mano de la derecha extrema.

Cualquier visitante de una ciudad europea puede comprobar en el metro la extraordinaria contigüidad y divergencia entre los estilos de vida y visiones del mundo. Nunca antes en la historia la Humanidad tuvo un anhelo y un desafío de tolerancia tan inmenso, y que busca mantenerse pese a la nueva derrota sufrida ayer en París, es decir, en la cuna de la Ilustración. 

Se trata, para muchos, de una utopía modesta, quizá la más admirable que se haya imaginado: compartir ciudades abiertas y superpobladas como nunca. Pero es ingenuo pensar que nuestros derechos al consumo, a la libertad sexual o de expresión, vividos con la intensidad de una fe, no sean interpretados como factores de imperialismo cultural y hostilidad. 

Houellebecq conoce su país. Al igual que otras de sus últimas novelas, ésta transcurre en el futuro cercano, es una proyección inminente de la política actual: la presidencia de 2022, que seguirá a la que los franceses votarán en 2017. Se sirve de un presidente islámico elegido por default para criticar la decadencia de Francia y la decadente clase política europea -en lo que él mismo llama “la segunda caída de Roma”. 

En el último número de la revista The Paris Review, el autor observa que el verdadero antagonista del islam no es el catolicismo sino el ateísmo. Y es para reflejar esta posición que una vieja tapa de Charlie muestra a un francés tironeado entre un judío, un islámico, un católico y un protestante: “¿Por dónde va el laicismo?”, queja legítima de quienes se sienten herederos de las luchas históricas de la razón y el librepensamiento contra el oscurantismo del clero.

Desde 1989 nada interpela tanto el capitalismo como el integrismo islámico, sin contar al terrorismo, que no es un fenómeno religioso aunque emplee su retórica. En verdad, no hay religión más ecuménica que el islam, cuya escritura, el Corán, recupera a los profetas judíos y a Jesús, y cuya única mujer mencionada es la virgen María. 

En el espejo de los anatemas y herejías, que la Ilustración consideró atávicos, nada sacude más los preceptos islámicos que ésta, la primera civilización atea, que a pesar de la caída de los tabúes –sobre todo los sexuales, en los que se basan los tres grandes sistemas monoteístas– acusa crecientes tirones. Estos años ven crecer las conversiones: de ateos a islámicos, como el protagonista de Soumission o por opción política, de católicos a evangelistas, de creyentes a incrédulos. La novela de Houellebecq está en francés en el sitio Scribd.



NO COMPRES MASCOTAS