VIDEITOS MANDAN

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martes, 19 de agosto de 2014

lunes, 18 de agosto de 2014

CRIS DE LA INTEGRIDAD EN LA VIDA PÚBLICA



LA CORRUPCIÓN MORAL, el amiguismo, la mentira, el robo y la malversación son tan antiguos como la historia de la Humanidad. Sin embargo, hay ocasiones en que se convierten en algo tan común entre los líderes políticos, económicos y/o espirituales de una sociedad que apuntan a una profunda crisis de la integridad en la vida pública. 

Cicerón fue testigo de tal crisis en la tardía República romana, que, en su opinión, estaba cayendo presa de unos peligrosos niveles de comportamiento manipulador y egoísta en la élite política. La Iglesia católica experimentó una crisis similar en los siglos XV y XVI, en la medida en que muchos de sus gobernantes se desviaron de su misión original de amar y servir con generosidad y humildad al pueblo de Dios. La nación alemana sufrió una grave crisis de integridad en las décadas de los años 30 y 40, cuando no fue capaz de frenar la propagación del totalitarismo y el antisemitismo en el corazón de su élite política y cultural.

Podría asegurarse que las democracias constitucionales de Occidente están pasando por una crisis de integridad como las descritas. Aunque no se manifiesta en el triunfo de las ideologías totalitaristas y fascistas, estamos presenciando un dramático declive de la confianza en las instituciones públicas y una serie de escándalos de abuso y malversación del que prácticamente no se salva ninguna profesión o sector de la vida pública.

Numerosas iglesias cristianas de Europa y EEUU se han visto sacudidas por inquietantes revelaciones acerca del abuso de menores de una pequeña pero significante minoría de sacerdotes; el sector financiero, antaño símbolo de una respetable prosperidad, ha caído en desgracia por las revelaciones de inversiones temerarias y fraude descarado; grandes empresas han sido declaradas culpables de enmascarar pérdidas financieras con prácticas creativas de contabilidad; y se ha cazado a un preocupante número de políticos respetables que ha malversado fondos estatales y aceptado sobornos políticos.

Frente al declive del calibre moral de nuestras instituciones cívicas, económicas y religiosas, se ha reclamado en diversos sectores más "transparencia" y "rendición de cuentas", la formulación y revisión de los "códigos de ética" y la creación de tribunales para investigar y denunciar las malas prácticas del pasado. Los esfuerzos por acometer reformas legales e institucionales y por realizar mayor supervisión han tenido cierto éxito. Por ejemplo, las investigaciones públicas han revelado algunos aspectos de la corrupción institucional, los préstamos bancarios se controlan con más rigor por parte de los reguladores bancarios y las cuestiones financieras de los políticos se examinan con más detenimiento que nunca.

No obstante, se requiere algo más que regulación y supervisión. Las reformas institucionales y legales serán poco eficaces si no les acompaña una transformación fundamental del ethos de los líderes de la sociedad. A fin de cuentas, ellos serán los responsables más directos de impulsar e implementar reformas. En ese sentido, necesitamos una renovación moral de la cultura de nuestras instituciones públicas. Esto implicaría una reforma del ethos o de las actitudes y disposiciones éticas que han llevado a aquellos que ocupan el liderazgo político, religioso y económico a incumplir sus responsabilidades públicas, y un esfuerzo coordinado de cultivar las virtudes del servicio público, como la justicia, el coraje, la veracidad y la magnanimidad en la próxima generación de líderes políticos, económicos y espirituales.

Podríamos comenzar el camino de la reforma ética lanzando una conversación pública franca sobre las virtudes y normas que guían el servicio público, entendido en términos amplios para abarcar los servicios proporcionados por el Gobierno, el servicio civil, las iglesias, la industria, las organizaciones benéficas, los medios de comunicación, las instituciones educativas, los organismos de regulación financiera y los bancos. Una vez que emerja una imagen más clara de qué tipo de funciones sociales cumplen nuestras instituciones cívicas, religiosas y económicas y, en consecuencia, qué tipo de actitudes cabe esperar -o anhelar- de nuestros líderes institucionales, podremos identificar estrategias para cultivar el ethos relevante en los círculos en los que se mueven y de los que emergen.

Estas estrategias probablemente comprenderían algunos elementos de educación moral para el servicio público, pero también podrían incluir foros cívicos que fomentasen el debate público serio sobre los valores del servicio público; foros internos en las instituciones públicas para deliberar periódicamente sobre los objetivos a largo plazo y las políticas del día a día; cláusulas de exclusión voluntaria para los actores institucionales que, en conciencia, no pueden colaborar con todas las tareas de una organización; y protección jurídica para las personas que se sientan en la obligación moral de informar de infracciones graves de normas legales o profesionales. Estas y otras reformas del ethos de las instituciones públicas se podrían impulsar tanto desde actores del Estado como no estatales, de forma separada o en asociaciones público-privadas.

NO ME GUSTARÍA concluir sin poner de manifiesto un serio obstáculo para el tipo de reformas que he propuesto: la visión -que lamentablemente ha ganado posiciones en las sociedades modernas- de que uno puede asumir un papel público y atender sus correspondientes demandas mientras que en privado suscribe un conjunto totalmente diferente de principios morales y religiosos.

Es cierto que esta visión tiene sus ventajas. Por ejemplo, la eficiencia burocrática funciona mejor con una completa "asimilación" de los valores de una institución que con un constante conflicto moral. Además, al aceptar el ethos de las instituciones a las que nos unimos, al margen de nuestras dudas personales sobre ellos, nos ahorramos muchos conflictos y tensiones laborales.

Sin embargo, las recientes revelaciones del alto nivel de corrupción y/o ineptitud institucionales nos recuerdan que los valores y costumbres de las instituciones públicas son, con frecuencia, una mezcla del bien y del mal. Si bien parece razonable y apropiado algún nivel de adaptación y de respeto a las normas institucionales, los actores institucionales deberían ejercer sus roles con un profundo sentido de responsabilidad personal, estando dispuestos a juzgar por sí mismos si las supuestas exigencias de sus funciones son razonables y justas, o no. Únicamente se puede hacer este tipo de juicio si el actor en cuestión realiza su función no como una rutina sin reflexión, sino como un compromiso personal que pone en juego sus propios valores y aspiraciones.

La renovación moral que proclamo en el ethos de nuestras principales instituciones políticas, económicas y religiosas no es sencilla, desde luego. Sin embargo, la reciente oleada de escándalos -en un amplio abanico desde la incompetencia profesional hasta la actividad delictiva- que han hecho que nuestras instituciones públicas se tambaleen, sugiere que se ha demorado demasiado tiempo. Tal vez, un buen punto de partida podría ser el reconocimiento de que quienes forman parte de las instituciones públicas no son simplemente "engranajes de una máquina", sino personas con conciencia y con el derecho y la responsabilidad de ponerla al servicio de la verdad y la justicia.

domingo, 17 de agosto de 2014

martes, 12 de agosto de 2014

CLASES DE ORATORIA

En trance. Fotos de Carlos Ortecho Rojas, docente universitario, en sus clases de oratoria y liderazgo a jóvenes q desean incursionar en política. Saludos, Carlos. 




Contacto: 949096891

SOMETHING I NEED

lunes, 11 de agosto de 2014

INVITACIÓN- BLASCO BAZÁN


LAS ESTRELLAS EN EL BARRO


Tomado de elpais.es

De tanto en tanto, las estrellas del cine y del rock dan un paso adelante y firman una declaración política o un manifiesto. Forma parte de las reglas de juego de la sociedad del espectáculo. Vivimos en una democracia mediática y, por tanto, las voces y los rostros de los famosos adquieren una relevancia que ya quisiera para sí cualquiera de los que se baten, día a día, en el barro de los asuntos públicos. 

Hace poco, y por iniciativa de dos prestigiosos historiadores, se puso en marcha una iniciativa contra la independencia de Escocia. La han firmado 18 medallistas olímpicos, 44 premios Bafta, dos premios Turner, 12 relevantes profesores universitarios, un premio Nobel (Stephen Hawking) y gente famosa de televisión, pero la foto que ha salido en todas partes ha sido la de Mick Jagger. “Lo que nos une es mucho más de lo que nos divide. Sigamos juntos”. Ésa es la idea, y el líder de los Rolling Stones ha decidido apoyarla. Al otro lado se encuentra Sean Connery, que en su día tanto hizo por el Reino Unido como James Bond, el agente secreto 007, y que está claramente a favor de que Escocia se vaya.

Ni siquiera los famosos están de acuerdo entre sí, el mundo sigue siendo una jaula de grillos. Les acaba de pasar a Javier Bardem y a Penélope Cruz. Firmaron un texto en el que se denunciaba “el genocidio contra la población civil palestina”, a propósito de los ataques de Israel a la Franja de Gaza, y el actor estadounidense Jon Voight se puso hecho una furia y les contestó en una carta que con su actitud podían incitar “al antisemitismo en todo el mundo sin darse cuenta del daño causado”. Ambos matizaron enseguida para que no se malinterpretara su postura.

Guerra de declaraciones, manifiestos como ladrillazos, cartas de amor y odio. Hubo un tiempo en que la batalla de las opiniones la libraban los intelectuales, y ya abusaban con frecuencia del trazo grueso y del exceso de sectarismo. Por eso el ya desaparecido historiador británico Tony Judt era muy crítico con ese afán, que tanto gustaba a los penseursfranceses, de sentar cátedra en cada ocasión. Adelante con el baile de estrellas en el barro de la política. Pero, como quería Judt, cada cual debe ser responsable de lo que piensa.


ERLICH


sábado, 9 de agosto de 2014

viernes, 8 de agosto de 2014

miércoles, 6 de agosto de 2014

lunes, 4 de agosto de 2014

¿EN QUÉ SE PARECEN LA POLÍTICA Y LA COCINA?



La cocina necesita tiempo, aunque también hay una cocina rápida. Los canelones de la abuela no se hacen en cinco minutos y por eso todo el mundo se vuelve loco por probarlos.

La cocina que no es puro trámite necesita tiempo, como la política.

Pero hay gente -cada día más- que no lo sabe, de la misma manera que hay personas que desconocen la diferencia entre un plato hecho como es debido y otros alimentos.

¿Y cómo es el tiempo de la política? Un tiempo de maduración. Lo explica bien el filósofo Byung-Chul Han, coreano que escribe y piensa en alemán, en el libro En el enjambre: “La confidencialidad pertenece por necesidad a la comunicación política, es decir, estratégica. Si todo se hace público sin mediación alguna, la política ineludiblemente pierde aliento, actúa a corto plazo y se diluye en pura charlatanería. La transparencia total impone a la comunicación política una temporalidad que hace imposible una planificación lenta, a largo plazo. Ya no es posible dejar que las cosas maduren. El futuro no es la temporalidad de la transparencia. La transparencia está dominada por presencia y presente”.

El lema de los gobiernos que se tientan con los populismos es el de los cocineros que abren nuevos locales: usted puede ver cómo cocinamos mientras come, las paredes son de cristal, no hay nada que esconder.

Pero la política y la cocina necesitan discreción.

Y tiempo de reposo y una zona que quede al margen de las ansiedades del consumo inmediato.

La enmienda a la totalidad que los nuevos populismos hacen a la democracia representativa se basa en el mito del retorno a una asamblea ideal, abierta y constante, de la cual surgirían de manera pura las decisiones más importantes a plena luz del día.

Cualquiera que haya vivido lo que es una asamblea (en una universidad, por ejemplo) sabe que la distancia entre el mito y la realidad es oceánica. Si hay un sistema que es confuso, arbitrario y fácil de manipular es este.

Que las cosas maduren es el secreto de la política, porque quien la hace trabaja con tiempo y voluntades, de la misma manera que el cocinero trabaja con tiempo y fuego. Pero al ciudadano no se le explica bien que la política exige este proceso, que no es nunca lineal y va cargado de obstáculos.

Se trata al ciudadano como a un niño. Por eso se acaba presentando como algo normal que una entrevista delicada de políticos de alto nivel sea anunciada con bombos y platillos, cuando debería celebrarse lejos de los focos, para abordar una conversación sin censuras. El énfasis en subrayar el día y hora del acontecimiento descubre que el acontecimiento es una carcasa vacía que elude el conflicto que lo genera.

La ansiedad comunicativa, el principio de sospecha y la mala conciencia fabrican rituales sin sabor. Es como cenar en ciertos lugares.


sábado, 2 de agosto de 2014

jueves, 31 de julio de 2014

miércoles, 30 de julio de 2014

martes, 29 de julio de 2014

lunes, 28 de julio de 2014

OLLANTA, EL TRADICIONAL


Por Johnson Centeno.-

¿Cansado, confundido, inseguro, temeroso, desconfiado, incauto, flaco, sin ilusiones? Pues eso y más. El mensaje del presidente no ofreció mucho. Desde días antes la opinión pública era renuente a esperar algo que anime el debate de sobremesa, que no sea sumisión a la primera dama, tibieza con la corrupción y el estrepitoso fracaso en materia de seguridad ciudadana.

Una atenta observación de los acontecimientos previos nos podía indicar qué es lo que venía en el mensaje del 28: el nombramiento de Ana Jara al frente de la PCM indicaba a todas luces un repliegue de cualquier medida inteligente en el gobierno; se mantiene al ministro de economía, pero éste ya ha dado sobradas muestras de acatamiento a las faldas de palacio: ya no es un Ministro, es un robotito económico. La elección de Ana María Solorzano, por su parte, con apretado triunfo y divisionismo oficialista, confirma que el liderazgo presidencial ha perdido fuerza, y que hay una incapacidad flagrante para generar consensos.

Mientras tanto campea la impunidad en sus propias narices (lo del expremier Cornejo es de campeonato), su familia sigue haciendo de las suyas, los precios internacionales de los minerales siguen a la baja o estancados, el fenómeno del niño no serena su amenaza, y hay un festín de megaproyectos concesionados con mucha plata y sospechoso apremio. Todo en medio de una sopa caliente de cortinas de humo muy bien elaboradas. 

El nuevo impulso a los programas sociales abordados con facilismo en el mensaje a la nación, es un claro indicativo que las cifras todavía siguen en azul, afortunadamente, y que ha llegado el momento de afinar la puntería a los bolsones electorales que deciden los votos en este país. ¿A alguien le queda dudas que el gobierno se desinteresa de una candidatura el 2016?

En vez de proclamar un nuevo capítulo en serio en la reforma educacional, se anuncian incrementos del presupuesto y aumento en las remuneraciones a los maestros, confiando más en la forma que en el fondo. “El presidente se ha dedicado a repetir anuncios. Por ejemplo, los concursos de subdirectores y directores, las evaluaciones a maestros para reubicarlos, el mejoramiento en la calidad de los aprendizajes, la jornada escolar completa, los ha dicho hace varios años” (Idel Vexler). El afianzamiento en el idioma inglés es toda una paradoja, que el presidente nunca hubiera suscrito en sus tiempos de rabioso nacionalista. 

Sobre la inseguridad ciudadana Ollanta ha debutado oficialmente como prestidigitador, pues la “fuerza de intervención rápida” de 5,000 agentes a nivel nacional, que se convertirá en la reserva táctica de la PNP, además de los 30,000 efectivos que reforzarán la investigación criminal nadie sabe de dónde los sacará, y a estas alturas solo vendrían a ensanchar una institución abandonada a su suerte, y pervertida por las políticas mediocres de los Ministros de turno. Nada sobre el Poder Judicial ni el Ministerio Público. Los Olórtiga y los Orellana pueden dormir tranquilos.

El tema de la descentralización sigue postergado desde los efluvios experimentales de Toledo, y nadie se atreve a pagar la cuota que supone reordenar los límites políticos y administrativos, más aún si la plata del canon se ha dividido entre los amigotes de los presidentes regionales, menos del caballero Murgia por supuesto, quien hasta ahora sigue ‘pasando piola’ en el manejo fiscal de La Libertad, dando la impresión embustera de eficacia y honradez. La promesa del presidente ha sido presentar en los próximos 30 días un proyecto de ley destinado a mejorar la distribución de los recursos del canon minero “para que más pobladores se beneficien con la inversión de esos recursos”. Osea rendir cuentas en serio ante el Congreso y la Contraloría que, como ustedes saben, han demostrado buena pasta de fiscalizadores.

Así ingresa Ollanta Humala al último tramo de su gestión, bastante lejos de las esperanzas ciudadanas que lo llevaron al poder, a su mujer y a su familia, decidido a ser un administrador de lo administrable, sin mayores ideas, sin olfato… un político tradicional de los peores.




domingo, 27 de julio de 2014

viernes, 25 de julio de 2014

CANIBAL AL PODER



En el barrio muy cerca de mi casa está la calle Fray Bernardino Sahagún y siempre que paso por ahí me acuerdo del rey degollando a una persona como si fuera un cordero para almorzar. Fray Bernardino, historiador español, fraile franciscano, escribió los doce libros de la Historia general de la Nueva España, en los que se relata cómo los aztecas trapiñaban carne humana sin asarla o cocerla, como forma de piedad.

Fray Bernardino cuenta que Hernán Cortés encontró en el palacio del rey 136.000 calaveras en anaqueles, de las que habían sacado los corazones para poseer a los muertos; el resto de los cuerpos se los comía el pueblo con pimientos y flores aromáticas.

Hernán Cortés quedó traumatizado por el descubrimiento, sin saber que no muy lejos de Medellín está la Gran Dolina, donde nuestros antepasados también se comían unos a otros, como seguimos haciendo 80.000 años después.

La antropofagia, junto al gusto por matar, es una de las grandes prohibiciones de nuestra civilización; y sigue practicándose, no sólo por las hordas, sino por los mercados, los gobiernos, los terroristas. Ya no se come carne humana, sino trabajo humano, órganos humanos.

Dijo Dalí que el canibalismo es una de las manifestaciones más evidentes de la ternura, pero el que se practica ahora en Gaza o en Ucrania carece de la cortesía en la mesa. En la Franja, ni las milicias de Hamas ni el ejército israelí dejan que pasen las ambulancias para retirar a los heridos. Los palestinos huyen de sus casas con sus hijos muertos bajo el brazo. En Ucrania los separatistas amontonan los cuerpos del Boeing en vagones refrigerados. Las potencias se disputan los muertos como los cuervos.

En Estados Unidos encuentran a niños huidos de Guatemala, Honduras, El Salvador, comidos por coyotes o niños sin órganos, arrancados como los corazones del rey azteca. El ala dura republicana pide el sellado de la frontera y propaga el discurso del odio que avanza por el universo.

El populismo, la xenofobia, el nacionalismo, las deudas que originaron los políticos estúpidos, el darwinismo político y económico, y el odio religioso configuran una sociedad explosiva, donde no se comen unos a otros con frijoles y un chianti, como Hannibal 'el Caníbal', sino a base de deportaciones, campos de refugiados, hambrunas sistemáticas.

Siguen los sacrificios humanos y el mono desnudo empeora. África empieza en el Polo Norte. Cada vez hay más gente al lado de los que hacen la Historia y menos al lado de los que la sufren. Los conservadores han ganado. La izquierda corrupta retrocede. Los teóricos del darwinismo rechazan hasta la devoción cristiana y la transferencia de rentas de la socialdemocracia. Piensan que la caridad formaba un escudo protector, bajo el cual, los idiotas y los vagos procreaban.

jueves, 24 de julio de 2014

miércoles, 23 de julio de 2014

FIN DEL EXPEDIENTE SECRETO CRAZY HORSE X


El ex presidente Alan García aclaró las dudas que existían sobre sus credenciales académicas. A través de su cuenta de Twitter, el líder aprista aseguró que posee los títulos de abogado, y de magíster. Sin embargo, precisó que únicamente siguió cursos de doctorado, mas no posee el título correspondiente.

El ex mandatario calificó de "tonterías" las versiones que señalan, incluso, que no poseen el título de abogado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).

La revelación de que no es doctor es una sorpresa, pues Alan García ha sido llamado "doctor" en innumerables ocasiones. Incluso en ceremonias oficiales. Es más, el Instituto de Gobierno de la Universidad San Martín de Porres (USMP), que él dirige, lo presenta como tal: Dr. Alan García Pérez.

Sin embargo, en su hoja de vida de candidato, que presentó en el 2006 al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Alan García admite que es abogado titulado de la UNMSM.


No obstante, precisó entonces que los cursos de doctorado que siguió en las universidades de la Sorbona, Francia (1974-1977), y de la Complutense, España (1972-1974) no tienen certificación.

Esta precisión, al parecer, salvaría a García de que el JNE emprenda acciones legales en su contra.

EL DATO

La maestría que tiene Alan García es la de Economía, Comercio y Finanzas Internacionales de la USMP. Según ha dicho el mismo García la obtuvo en el 2004, pero no la acreditó en su hoja de vida del 2006.

Para el presidente de la Comisión de Educación del Congreso, Daniel Mora, Alan García no podría dirigir el Instituto de Gobierno de la USMP.

Alan García ha dicho que cumple con la ley.

NOGHERA- ULTRASHOW

domingo, 20 de julio de 2014

EL CANDIDATO IDEAL


Por Johnson Centeno.-

Todo hace suponer que las próximas elecciones en Trujillo y La Libertad estarán marcadas en su mayoría por la mediocridad, la guerra sucia, y la intromisión del hampa y el narcotráfico en las listas electorales. Frente a ello, un periodismo acobardado, convenido, y un marasmo institucional que no se ha visto nunca: el tráfico de tierras en Chavimochic, por ejemplo, es sólo la punta del iceberg de una situación que estuvo en las narices de las autoridades desde el primer momento, y que ahora desenrolla un conjunto de personajes de diverso orden.

En este contexto singular, desempolvo un artículo escrito hace algunos años con la esperanza de que ayude, de alguna forma, a elegir mejor a las próximas autoridades políticas que nos gobiernen.

Todo proceso eleccionario que implique renovar, a través del sufragio popular, los cuadros dirigentes de quienes detentan el poder es de vital importancia para cualquier sociedad que aspire seguir los cauces democráticos. Además de los lineamientos o programas de gobierno, y la ética de quienes potencialmente pueden aplicarlos, debería, también, tomarse igual importancia a otros factores personales que les dan autoridad suficiente para llevar a cabo un programa de gobierno y no morir —políticamente— en el intento. Nos proponemos citar algunos.

Primero, conciencia de ser personaje público

La vida de un candidato estará expuesta inevitablemente a la evaluación del pueblo. El significado de este concepto pasa por asumir el compromiso de ‘sojuzgarse’ ante la opinión pública en asuntos relevantes de Estado hasta incluso en aquellos pedestres o casquivanos. Coadyuva en esta tarea el sano ejercicio periodístico sobre su limitada privacidad, amistades, familias, y formas de comportamiento una vez en el cargo y aún fuera de él. Naturalmente que es de igual modo deseable un proceder equilibrado y objetivo de parte de los medios de comunicación. En el plano internacional, valga traer a colación el caso del malogrado ministro laborista Ron Davis que, tras el destape de su homosexualidad, fue arrastrado su cuerpo por una prensa excitada y escandalosamente británica (Nuevas Inquisiciones. Piedra de Toque. MVLL, Caretas N° 1542). 

Segundo, intuición política

Tiene que ver directamente con la aplicación oportuna de los programas para alcanzar los objetivos propuestos. Y es que es insuficiente contar con un plan atractivo para los electores, pues se hace necesario una suerte de olfato que pinte al político como un visionario capaz de emprender la más audaz empresa en forma eficiente. Sirve, además, para descubrir a colaboradores oscuros y mal intencionados que buscan tozudamente el provecho propio, y que a menudo hormiguean las tiendas políticas.

Tercero, probada honestidad

Sin duda la mejor carta de presentación para cualquier candidato. Max Weber refería que “los que actúan en política luchan por el poder, bien para servir otros fines, ideales o egoístas, o bien como poder por el poder, es decir para disfrutar de la sensación que proporciona el poder” (La política como vocación. En: Ensayos de Sociología”, 1972). Con esto, el tratadista germano asume que la política bien puede servir para tareas nobles y dignas, además de necesarias, en beneficio de los más, pero desliza también la posibilidad de que este poder corrompa y se prostituya. Tal vez por ello volvió a decir que “hacer política es pactar con el mismo diablo”.

La cuestión deontológica, aun cuando la moral puede perfilarse de varias formas, no obstante, debería ser uno de los soportes de la actividad política, pues actuar sin normas morales no es amoral sino inmoral. Por ello la integridad de un candidato, muchas veces, resulta determinante a la hora de su elección. Debe asumirse que tan delicado atributo se mantenga antes, durante y después de ostentar el cargo y alcance a los principales funcionarios. A su vez, cabe mencionar el ideal del comportamiento ético entre quienes hacen la política al momento de confrontar sus ideas, y no dar por sentado aquello de que “la ley de la política es hacer al otro lo peor antes de que te lo haga a ti” (El mundo de Maquiavelo. Alan García. 1995, p.129).

Cuarto, Sensibilidad Social

Cuesta imaginarse a un candidato sin la debida disposición por recoger los reclamos, esperanzas y creencias de quienes le otorgarán su voto en las urnas. Tener esta aptitud importa conocer sus más elementales exigencias de vida, sin impostaciones ni poses hipócritas. Al final, la política “pretende conseguir objetivos valederos para toda la comunidad, mediante el ejercicio del poder público organizado” (Pablo Lucas Verdú citado por F. Miro Quesada Rada en su Introducción a la Ciencia Política, 1994, p. 31). No encuentro en realidad motor más efectivo para el desarrollo de las naciones que la relación sostenida entre gobernantes y gobernados a través de idóneos ‘vasos comunicantes’ que hagan posible una oportuna correspondencia entre lo que se quiere y lo que se puede hacer. 

Finalmente, gran nivel de inteligencia.

No es un desvarío mencionar este atributo como ideal para cualquier candidato, pues de lo contrario su capacidad se vería sensiblemente menguada tanto en su relación con el pueblo, grupos de poder y tiendas opositoras. Además, poseer un apreciable nivel de razón permitirá articular exitosamente la conjunción costo-beneficio en la administración de la cosa pública. Es más, si asumimos seriamente aquello de la ‘inteligencia emocional’ encontraremos a Goleman advirtiendo, no sin razón, de los peligros que acechan a aquellos que no logran dominarla. Así entendido, ¿debería entonces exigirse mayores requisitos, por ejemplo, para ser elegido congresista o presidente de la república? ¿Serían acaso, estos otros requisitos, garantía suficiente para tener una casta política de empuje, eficiente y honrada? Nuestras dos últimas constituciones requerían para estos cargos una edad determinada, ser peruano de nacimiento y gozar del derecho de sufragio. Puede entonces, en efecto, un analfabeto ser elegido congresista o llegar a ser jefe de Estado y personificar a la nación. 

Encontramos, en forma incidental, una iniciativa parlamentaria por la que se pretendía que, además de los requerimientos arriba enunciados, el candidato al congreso o Presidente de la República tenga “buena salud física y mental” (La reforma constitucional que el Perú necesita. Torres Vallejo, p. 31). 

Y es que tal vez no resulte tan descabellada la idea de exigir a los políticos y gobernantes someterse a una completa evaluación del trabajo de su mente y tener un cabal conocimiento de su funcionamiento cerebral, pues así se evitarían crasos errores en el ejercicio inconsciente del poder. A la postre, en gran medida, son ellos responsables de la vida presente y futura del país.


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