VIDEITOS MANDAN

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martes, 30 de julio de 2013

domingo, 28 de julio de 2013

PELEADO CON LA CALLE


Por Johnson Centeno.-

Así calificó la periodista Jacqueline Fowks el mensaje a la nación del presidente Ollanta Humala en su informe al diario El País, subrayando las protestas ciudadanas “contra la corrupción y para pedir el cumplimiento de sus promesas en sanidad, educación y seguridad ciudadana”.

En realidad, el arranque de su tercer mandato lo hace peleado con medio mundo, empezando por él mismo. No se reconoce en el sillón presidencial, usurpado de facto por la primera dama Nadine, a aquél lejano servidor de la patria insuflado de franqueza y planes de cambio. En su lugar, se ha instalado un señorito que trota en pantalones cortos, y en sus ratos libres suele actuar como presidente.

Con el patriarca de la familia. Aunque valgan verdades, es el viejo el que parece haberse peleado con él por una serie de cuestiones ideológicas similares al arroz con mango. Con Antauro y el resto de la familia ha actualizado el proceder del sano y sagrado con un discurso para los medios y otro para el interior de su administración; el resultado es que sus familiares más directos siguen haciéndose de contratos con el Estado, ocupando sitios de influencia y participando de una gestión por sus cercanías familiares. Ni qué hablar de la familia de Nadine, las verdaderas estrellas, más discretos pero no menos angurrientos. 

Con los medios de comunicación. Obviamente, calificarlos hace poco como “gallinazos” suena más a desviar la atención antes que infamarlos, pues la publicidad estatal en los nidos necrófagos sigue siendo millonaria, a pesar del canal propagandístico del Estado. Estos gallinazos —recordemos, los buenos y los malos—, jugaron un papel importante desde que vestía de verde oliva en su levantamiento en el sur del Perú. Dar noticias buenas, señor presidente, tal vez en otro país; aquí los medios sirven para joder, y rásquese nomás.

Con la seguridad. Todos los analistas dicen fue el gran tema ausente en el mensaje, y que Ollanta ha desperdiciado la oportunidad de sacarle brillo a una de sus principales promesas de campaña. En puridad, el tema sí fue abordado en el mensaje, pero en un tono de estadista a la peruana: “me preocupa el incremento de las acciones delictivas del país”, para lo cual ha propuesto impulsar 7 ejes programáticos 2013- 2018 y un recuento para dummies de las adquisiciones policiales. Mientras, en la calle siguen los asaltos y extorsiones, y la policía ya casi no se diferencia de sus perseguidos. Si este es el nivel de respuesta de la primera autoridad, deducimos que Ollanta se ha peleado también con la inteligencia. Y va ganando.

Con la descentralización. Mientras los números vayan azul es urgente acompasar los gastos públicos con programas de carreteras y vías de acceso, afianzar técnicamente el SNIP y meter mano dura a las “coimisiones” por obras que se producen en el interior del país, donde la Contraloría no llega por falta de aire acondicionado. Mientras se mantenga el modelo primario exportador y los precios internacionales sigan bajando, Ollanta tendrá la mejor excusa para justificar el no avance del “milagro peruano” (por cierto, ya es hora de que doña Martha lo incluya en su “diccionario de peruanismos”), y al diablo sus 500 millones de dólares anunciados para infraestructura.

Afuera, mientras el presidente peruano seguía con su alocución obligada al final de su segundo año de mandato, un grupo numeroso de empleados estatales, rojos desembarcados, pro terrucos, filoapristas, y un largo etcétera, dejaban oír su voz entre la niebla pimienta…


PRACTICANDO AL 2016

LA PALOMA DE MI HERMANO


Por Jorge Mariátegui

Iba caminando como todas las mañanas, por cinco kilómetros, cuando desde un árbol frondoso se cayó un pichón. Pasó tres veces y el pichón piaba, así que lo recogió. Se acordó cuando vivía en Piura que criaba una veintena de palomas, que le servían de vez en vez para unos sabrosos tallarines en salsa de paloma.

Lo trajo a la casa y le compró maíz molido y mojándolo se lo dio en el pico. El pichón estaba desnudo tenía algunas plumas, así que Leandro le buscó una canasta y la cubrió de lanas y por miedo a qué el gato se la comiera en el patio del fondo de la casa, la metió en su dormitorio dentro de un mueble.

Temprano amanecía y le gorgoreaba pidiéndole su alimento. Él la sacaba al patio y antes de irse a caminar le daba de comer. También le daba a las 5. Pero cuando llegaba, el pichón batía sus alas y gorgoreaba pasándole la voz.

Todos amigos y parientes que venían a la casa tenían que preguntar por "pirulín" que así le puso. Pero lo gracioso es que Pirulín lo correteaba a mi hermano por el pasadizo, para que le dé de comer, pasándole la voz y abriendo y batiendo sus incipientes alas.

Pirulín se llenó de plumas blancas y con dos negras por las alas. Todos decían córtale las alas, córtale las alas, pero nos opusimos. Un buen día, como dentro de 30, Pirulín voló y se salió por entre las ramas de la higuera de Francisco Pizarro y se desapareció.

Yo ví la cara de preocupado de mi hermano, que se fue su juguete volando, sin poderlo detener, porque lo ganó en rapidez, y cuando menos nos imaginábamos. Él miró que Pirulín se había ido volando, pero al tercer piso de mis vecinos, y desde allí con un solo ojo y moviendo nerviosamente la cabeza nos miraba. 

Leandro le pasaba la voz, imitando guturalmente los gritos del pichón. Le pusieron maíz en el piso del jardín, y nos seguía mirando y nos miraba por un ojo y nada de bajar.

Yo sentí la tristeza de mi hermano y no sabía como apaciguarla. Así que dije, cómo es la primera vez que vuela, ha salido por el patio y desde arriba no conoce la casa, él la conoce desde abajo. Pero Pirulín nos miraba reconociéndonos pero no nos daba señal de regresar. Rogábamos que no se fuera y se encontrara con unas palomas silvestres que el número de cien volaban a la vuelta de la casa. Y que se la rapten. Pero este Pirulín creo yo que es una damita, porque es muy fina.

A las 5 de la tarde regresó. Y se fue directamente a su cuarto y a su caja, que fue cambiada por la canasta que le quedaba chica. Nos quedamos fríos.

Yo me fui a GOOGLE y allí encontré que las palomas estaban llenas de bichos congénitos y que pueden ser peligrosos. Que tienen buena memoria y que regresan siempre a sus nidos. Leandro descubrió que botaba una caspa. Así que le cambió de jaula con una caja alta, con una puerta a su tamaño y con una ventana de desfogue. Todos los días le limpia su "palomar" y le lava sus "sábanas".

El otro día vi a Pirulín color beige, y le dije a mi hermano porque estaba sucia, y me dijo que para la caspa le había aplicado aceite Johnson para bebes. Pero cómo todos los días se baña, se va a ir blanqueando.

El Invierno ha llegado con temperaturas de hasta 12 grados centígrados, y todos nos morimos de frió, así que cerramos las puertas que dan al patio y ¡OH!. sorpresa. Pirulin voló a la ventana superior, y de allí voló hasta la ventana superior del cuarto de mi hermano y aterrizó en su cama..¡qué te parece!

Mi hermano entra a su cuarto y se pone a ver televisión, pues Pirulín sale de su casita y se para junto a la silla y también ve, televisión con mi hermano. Hasta que él le dice ¡a su cuarto carajo! y Pirulín, se mete a toda velocidad. Pero si tú te atreves a tocarle su casa a la hora que está adentro. Te emite unos runrunes protestando.


Para mi Pirulín se ha "humanizado".

Yo tenía en el Callao una primas Prada, que tenían dos palomas, que le ¡¡escogían el arroz!!! Cuando venían del mercado le estiraban el arroz en una mesa y ellas, las dos palomas, escarbaban y se comían todas las semillas del arroz. Antes en las tiendas solo vendían arroz con semillas. Mira como han cambiado los tiempos, ahora, te venden, arroz que no necesitas lavarlo. O sea qué, antes nos daban la basura de arroz, y el resto lo exportaban ¡qué lisura!

A mí nunca me gustó escoger el arroz, pero no teníamos palomas, así que un castigo era escoger las semillas del arroz cochino. Y cuando lo lavabas salía el agua sucia.

Pirulín es un caso. Cada día nos pone en aprietos. Mi hermano se va de viaje pronto, por largo tiempo, y está preocupado porque ¿quién va a limpiar su "palomar"?. Yo, me comprometo a darle de comer, porque mas o menos me conoce. Pero mi hermana se va a Guayaquil por un tiempo. y yo no me comprometo a limpiarle su "corral". ¡Pobre Pirulín!

Lo gracioso es que ya tiene tres meses, y nadie sabe hasta cuando va a vivir. Tú puedes saber que un gato vive con sus siete vidas unos quince años, y un perro también, pero tú sabes ¿cuánto vive una paloma?

Ahora sale a volar todos los días por unas horas, pero a la hora del almuerzo regresa, y le dan de comer, y entra a su caja. Pero cuando no ve a su "papá" sale y vuela a horas de la noche, que nunca sale. Creo que lo busca y lo extraña.

Le hemos cerrado las ventanas altas, para que no se vaya al patio porque mi hermano ha salido por pocos días,y ella lo extraña. Está intranquila.

Así que mi hermana me dijo a esta hora ella ve televisión con mi hermano. Así le ha prendido la tv y la paloma está parada frente al televisor en el piso..."mirando la teve" ¡qué te parece!

Creo que vamos a tener que ir donde un Psiquiatra, porque todos en esta casa creemos que hay otro ser humano pensante, pero sin habla, y que nos atormenta la vida.


EL NIÑO DE LA CANASTA DE DULCES


Un niño indígena que llora inconsolablemente mientras un funcionario público le obliga a tirar de una canasta los dulces que vendía, es la imagen que ha indignado a miles de personas en México por el trato que recibió el menor por parte de las autoridades. Sin embargo, no ha sido igual el repudio a las condiciones de pobreza que mantienen al pequeño y a tres millones de niños en México trabajando en las calles del país.


Feliciano Díaz, de 10 años de edad, vendía dulces y cigarros en el centro de Villahermosa (Estado mexicano de Tabasco, al sureste del país) para pagar los útiles escolares del ciclo escolar que comienza en septiembre. Llegó a la ciudad a principios de julio procedente de Juan Chamula, en el vecino Estado de Chiapas, una comunidad perteneciente a la etnia tzotzil y donde las condiciones de alta pobreza obligan a sus habitantes a emigrar para trabajar. El niño salió por primera vez del pueblo acompañado de su abuela para visitar a su tía Gloria, una vendedora ambulante, que le ayudó a montar la canasta para llevar los dulces para vender.

El martes, Feliciano caminaba por las calles de Villhermosa con su canasta cuando Juan Diego López Jiménez, un funcionario del Ayuntamiento encargado de supervisar el comercio, lo detuvo y le pidió que tirara todos los dulces al suelo y le entregara tres cajetillas de cigarros que también ofrecía a la venta. El niño lloraba y se deshacía de la mercancía a regañadientes del funcionario mientras un transeúnte grababa con su teléfono móvil la escena que después circularía sin control por las redes sociales.

Los 36 segundos que dura el vídeo han sido suficientes para desatar durante varios días la indignación de miles de personas e iniciar un seguimiento mediático en la prensa nacional que poco habla sobre las condiciones del trabajo infantil en el país. Como el pequeño de diez años, en México unos tres millones de infantes, de entre 5 y 17 años, tienen que trabajar para cubrir algún gasto básico o para apoyar económicamente a sus familias, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México (INEGI). También como él, una cuarta parte de estos menores trabajadores lo hacen para pagar gastos relacionados con la escuela y un 20,7% logra trabajar en el comercio, principalmente informal.

Las estadísticas en México señalan que el trabajo infantil ocurre, como en el caso de Feliciano, con mayor frecuencia en los estados del sur y centro del país. El INEGI reconoce que la niñez indígena en América Latina es dos o hasta tres veces más vulnerable al trabajo infantil que el resto de los menores en la región. “La tasa de participación de los indígenas de 10 a 14 años alcanza el 90% y la mayor parte son trabajadores no remunerados, dada la tradición sociocultural que obliga a la realización de trabajo comunitario y familiar”, señala el módulo de trabajo infantil de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2011.

Como ha ocurrido en otros casos polémicos difundidos por Internet, donde han estado involucrados funcionarios públicos, la respuesta de las autoridades mexicanas ha sido consecuencia de las críticas ciudadanas. Juan Diego López Jiménez, el supervisor que humilló al chico ha sido cesado de su cargo y la Fiscalía de Tabasco ha abierto una investigación en la que lo acusa de abuso de autoridad y robo con violencia moral. Y Carmen Torres Díaz, una funcionaria municipal que acompañaba a López y observaba la escena sin objetar, ha sido acusada de omisión.

La miseria en la que Feliciano vive no la oculta esta historia, ni su madre Andrea Díaz, quien a través de conocidos se ha enterado del periplo de su hijo mayor. A pesar de que el vídeo ha aparecido en televisión, ella no lo ha visto porque no tienen un aparato en casa, donde cuida a sus otros tres hijos. Tampoco tiene recursos para ir por él a Villahermosa, y menos para comunicarse con el chico. Como casi la mitad de México -alrededor de unos 52 millones de personas- la familia del menor vive en la pobreza, además de que el padre emigró a Estados Unidos.

La historia de Feliciano, como los culebrones mexicanos, engaña con un desenlace feliz. El Gobernador de Tabasco, Arturo Núñez, ha anunciado que le dará una beca escolar para que no se preocupe por otra cosa que los estudios aunque el funcionario no ha explicado más detalles sobre esta ayuda. El niño ha sido asistido por las autoridades locales y ha declarado sobre el caso. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha mostrado interés en analizar las condiciones en que fue tratado por el supervisor del Ayunatmiento. Pero poco más se sabe sobre su futuro, ya que inevitablemente tendrá que volver a Juan Chamula, su pueblo, o tal vez de nueva cuenta a las calles a vender dulces. (fuente: elpais.es)

jueves, 25 de julio de 2013

CAFÉ Y POESÍA


Ediciones OREM y el Café Picasso, invitan a la primera fecha de lo que se denominará 'Poesía en el café', evento que tiene por finalidad difundir la poesía de autores de la ciudad y de diversas partes del país. 

Este sábado 27 de julio, desde las 6.45 p.m., nos acompañará el poeta Roger Santivanez, radicado en los Estados Unidos, y que de visita por la ciudad ofrecerá un bello recital poético acompañado de los poetas Bethoven Medina Sánchez, Alberto Alarcón Olaya y Luis Eduardo García. 

Habrá micrófono libre, para que podamos compartir más poesía, así como una pequeña muestra de libros donde podrán adquirir un buen recuerdo. 

La cita es en el Café Picasso, ubicado en el Jr. Bolívar 762, frente al Teatro Municipal, en el pleno Centro Histórico de Trujillo. 

La entrada es libre, así que están todos invitados. 

Modera: Oscar Ramirez, editor y director de Ediciones OREM.

domingo, 21 de julio de 2013

OJO DE DIOS, OÍDO DEL DIABLO



El verano pasado fui a comprar un coche. Les ahorro los detalles automovilísticos para explicarles por qué no lo compré. A mí me preocupaba la altura del volante. El vendedor, un hombre muy atento continuamente pegado a la pantalla del ordenador, me explicó que en el modelo de coche del que estábamos hablando la altura del volante era adaptable. De repente pareció encontrar lo que buscaba en la pantalla y dijo: “Como usted mide metro ochenta y siete…”. 

Me quedé perplejo. Comenté: “¿Cómo sabe mi estatura?”. El hombre, al inicio, no reaccionó. Luego, por fin, sacó los ojos de la pantalla y me miró desconcertado. Se hizo el silencio. Le repetí mi pregunta. El vendedor pasó del desconcierto a la desesperación, como si no estuviese acostumbrado a este tipo de preguntas por parte de los clientes. Contestó con ansiedad, señalando a su ordenador: “Lo dice aquí”.

El resto de nuestra conversación duró 10 minutos, en los que no solo se frustró la venta de un coche sino que se aclararon algunos enigmas. Le pedí al vendedor que me dejara ver “lo que decía allí”. Alegó débilmente el carácter confidencial de aquellas informaciones, aunque se derrumbó pronto al advertir que se trataba precisamente de mi confidencialidad, y no de la de ningún otro cliente. Balbuceó que estaba avergonzado, pero que no se trataba de un asunto de su establecimiento sino de algo que procedía de la empresa multinacional de la que él era un mero empleado.

Siempre había información relacionada con hipotéticos clientes y, como todos los ciudadanos eran hipotéticos clientes, en el ordenador había información sobre todos. Me senté a su lado y leí en la pantalla las cosas que me concernían. Eran muchas, tantas que incluían una operación en la espalda a la que me había sometido años atrás. De vez en cuando interrumpía la lectura para mirar a los ojos a mi interlocutor. El hombre estaba con la frente sudada pese a que el aire acondicionado de su despacho era potente. Finalmente, harto de leer informaciones que, naturalmente, ya sabía, junto con otras que apenas recordaba, me levanté de la silla y me despedí. El vendedor se disculpó con bastante torpeza, pero creo que con sinceridad.

Desde el despacho en el que había estado recluido para la frustrada compra de un coche hasta la puerta de salida de la concesionaria advertí varias cámaras de vigilancia que, con toda probabilidad, habían grabado mis movimientos. Era lo mismo que ocurría en cualquier local. Me había acostumbrado, como mis conciudadanos, a que las lentes aéreas siguieran mis pasos. En esta ocasión reparaba en su presencia porque mi ánimo había sido golpeado por lo sucedido en el despacho del vendedor. Esos ojos de cristal me agredían singularmente. ¿Pero mañana me acordaría de la violencia que ejercen sobre nuestra intimidad esos centinelas omnipresentes? Seguramente mi reacción sería tan sumisa como la de los otros ciudadanos.

Hubo un tiempo en que eso producía escándalo. A la salida de la concesionaria de automóviles hacía mucho calor. De pronto me vi buscando cámaras de vigilancia y me fue fácil localizar varias en plena calle. Vino a mi memoria un acontecimiento que conmovió al mundo en mis años de estudiante: el asesinato de Olof Palme. Al primer ministro sueco, si no recordaba mal, lo mataron en una calle peatonal de Estocolmo, a la salida de un cine al que había acudido, como siempre, sin escolta. A consecuencia del magnicidio, alguien, en el Parlamento de Suecia, planteó la posibilidad de instalar unas cámaras en la calle peatonal. La inmensa mayoría se opuso. Se alegó que la primera regla de una sociedad libre era preservar la intimidad de los ciudadanos. Eran otros tiempos, me dije mientras rememoraba la figura, por tantos conceptos ejemplar, de Olof Palme. Aún no disponíamos de Internet y de teléfonos móviles. Faltaba bastante para que el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, en 2001, impulsara una drástica cesión de libertad a cambio de una proclamada seguridad.

Estos días me he acordado de la truncada compra de un coche el verano pasado a partir del caso Snowden. Nuestra imaginación con respecto a las posibilidades del mal es siempre muy pobre cuando la comparamos con la intensidad que el mal, en la realidad, puede alcanzar. Antes de estar en el despacho del vendedor de coches nunca habría imaginado que alguien tuviese tanta información sobre mí para conseguir algo tan banal como venderme un coche. Después de conocer el sistema de espionaje universal desvelado por Snowden, todas las tramas de control concebidas hasta ahora parecen infantiles. Ya no se espía a individuos, entidades o instituciones; se espía, y de manera global, la intimidad misma de las personas. El ojo de Dios lo ve todo; el oído del Diablo lo escucha todo. Y lo peor es que los seres humanos ya no ofrecen resistencia, sea porque se sienten impotentes, sea porque han olvidado que es propio de un ser humano que aspira a la libertad ofrecer este tipo de resistencia.

Ni Aldous Huxley ni Georges Orwell, en sus negras profecías, llegaron a una percepción de este estilo. No pudieron prever, al menos en toda su extensión, la forma ni tampoco las consecuencias sobre la naturaleza humana. Es curioso que ni ellos, ni prácticamente ningún otro escritor, fuesen capaces de intuir los instrumentos técnicos decisivos del futuro. La imaginación, aunque sea potente, es siempre pobre. El ojo avasallador del Gran Hermano estaba concebido según un modelo clásico: un Dios todopoderoso controlaría hasta el anonadamiento a los hombres, si bien, desde el siglo XX de Stalin y Hitler, ya se presuponía que en el siglo XXI ese dios no vigilaría desde el Sinaí o el Olimpo sino desde estilizados rascacielos de poder.

Pero las profecías fallaron, o no advirtieron la hondura de lo profetizado, precisamente por aplicar un modelo clásico. Ni Huxley ni Orwell podían intuir que sería el propio hombre el que pondría en pie gigantescos engranajes de control, no bajo la amenaza de los dioses o por la aplicación de ideologías totalitarias, sino por el uso aniquilador de la propia intimidad de invenciones maravillosas como Internet o la telefonía móvil. Es verdad que la sed de control por parte de los poderes es insaciable, pero lo más inquietante es la complicidad con que los ciudadanos se prestan gustosa e insensatamente a saciar aquella sed.

Las revelaciones de Snowden son demoledoras fundamentalmente porque ponen de relieve esta complicidad. Por mucha que sea la histeria acusadora contra este agente secreto que se ha convertido en delator, lo que, en el fondo, se le reprocha a Snowden es que, consciente o inconscientemente, haya puesto al siglo XXI ante el espejo de sus propias aberraciones: abolición de la intimidad, apatía, sumisión. Aunque quizá no con el celo que han demostrado Obama y Cameron, ni con la magnitud de las cifras, ya estábamos advertidos del amor al espionaje masivo de la humanidad por parte de quienes se han convertido en nuestros centinelas frente a la amenaza terrorista; lo que ignorábamos es nuestra colaboración activa en el arrasamiento de la libertad individual gracias a las conversaciones, mensajes, cartas e imágenes que cedemos a empresas sin escrúpulos para que, transformados en pura mercancía, seamos impunemente encerrados en cárceles de sospecha.

La magnitud de las cifras no ofrece dudas: toda la humanidad es sospechosa. Incluso puede extraerse una conclusión más radical: toda la humanidad es casi culpable. Por eso debe ser acechada, controlada, vigilada. No es una idea reconfortante del ser humano. Pero aún lo es menos que los propios hombres, por estulticia o por servilismo, se presten alegremente como víctimas del sacrificio.

VIVA PEDRO!!

sábado, 20 de julio de 2013

viernes, 19 de julio de 2013

VIDAS PLATÓNICAS

Algo común en las conversaciones con los pacientes en la consulta son los relatos sobre sus sueños e ilusiones. Somos seres que miramos al frente, siendo causa de sufrimientos el deambular demasiado por el pasado. No obstante, pronto se advierte que esos apasionados relatos esconden una visión más ilusoria que ilusionada.

Juan me habla de lo enamoradizo que es. Empieza siempre con pasión sus relaciones, pero se cansa al poco de comprometerlas. Vuelve de nuevo a lo que le falta. María ha contratado ya a tres coachs para lograr establecerse en un trabajo. Pero no dura mucho. Vuelve a estar en lo que le falta. Jacinto me habla de los proyectos que tiene de irse a vivir al extranjero. Lo malo es que lleva cinco años diciéndoselo a sí mismo, pero no, nunca acaba de dar el paso. Vive en un vacío que llenará algún día. Manuela, excelente madre y una líder en su familia, se pasa el día buscando actividades en las que desarrollarse. Pero cuando las encuentra tiene que dejarlas porque tiene que atender a los suyos. No lo asume. Se proyecta hacia lo que cree que debería ser. Su mundo rico en afectos no es suficiente. Siempre le falta algo. ¿Qué le ocurre a tantas personas que, teniéndolo todo, siguen sintiéndose infelices?

Las relaciones son uno de los ámbitos donde mejor se expresa esa pauta psicológica entre la falta, el vacío y la idealización. Amantes eternas, buscadoras inagotables de la pareja ideal, enamoradas de enamorarse, coleccionistas de comienzos, nostálgicas de los amores perdidos, especialistas en el arte del abandono, las personas instaladas en el sueño de un amor platónico viven exactamente como reza aquella canción de Serrat: “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, ni nada más amado como lo que perdí”. Todo amor adquiere su estado ideal cuando no se tiene o cuando se ha perdido.

Si examinamos de cerca pasiones tan exaltadas apreciaremos su perfecto engaño, su trampa mortal: el estado de carencia o de falta. Soñar con un gran amor permite imaginárselo a medida, sentirlo en su estado perfecto y proyectarlo como el gran remedio a la soledad presente o al vacío interior que supone tanto deseo insatisfecho. No obstante, todo ese sufrimiento innecesario proporciona un estado de falta al que la persona se acostumbra, que normaliza, con el que se identifica y se convierte en un ser carente. Esa es su droga, la sustancia que debe tomar cada día en pequeñas dosis de frustración por el amor que nunca acaba de llegar.

El papel del amor

Cuando ese amor se convierte en realidad, y superada la etapa de exaltación, le ocurre lo mismo que a los niños con los juguetes tan deseados que traen los Reyes Magos: se aburren. Por un lado, un amor real es duro, un amor basado en compromisos, responsabilidades e imperfecciones. Por otro, ya no puede tomarse esa monodosis de “echar en falta”. No añora, ni sueña, ni puede idealizar. Ya no es una proyección, sino un ser humano, de carne y huesos, que ama y quiere ser amado auténticamente. Entonces, la persona platónica huye, porque aquello no es lo que esperaba, porque debe existir algo más ideal, algo que de nuevo le falta.

Otra de las típicas situaciones carenciales consiste en proyectar escenarios en los que supuestamente se obtendría toda la felicidad ahora ausente. Ocurre cuando nos invade la insatisfacción, sea por falta de ilusión en el trabajo, por tener una relación instalada en demasiadas rutinas, o por una especie de sinsentido generalizado por falta de pasión vital. En ese instante miramos a la orilla de enfrente creyendo que en ella se esconde la abundancia de la que nos sentimos privados.

La falta alimenta la imaginación, y pronto nos encontramos dibujando cómo sería nuestra vida si estuviéramos en la otra orilla, es decir, si tuviéramos otra pareja, otro trabajo, si viviéramos en una casa cerca del mar, en otra ciudad o en medio de la montaña. La idea se asienta y se convierte en un pensamiento obsesivo que nos distrae día y noche. Tanto es así, que se precipitan algunos acontecimientos de forma que solo hace falta un pequeño detalle: cruzar de una orilla a otra. Mucha gente se queda, sin embargo, atorada. Le invade el miedo y la ansiedad.

Llegados a este punto, algunas personas deciden visitar a un psicólogo para que les ayude a descubrir el porqué de sus angustias. Entonces se descubre la trampa: se han obligado a tomar una decisión innecesaria. Aquello que no era más que una proyección se convierte ahora en un inapelable destino que hay que transitar. Lo hacen sin recursos, sin saber nadar, sin una barca adecuada que les lleve de una orilla a otra. Empalidecen, se ahogan en sudores fríos, no duermen ni entienden qué les puede estar pasando ahora que tienen su sueño tan cercano.

Y el psicólogo les pregunta: “¿Hay alguien que te espere en la otra orilla? ¿Te han ofrecido un trabajo en la otra orilla? ¿Tienes un lugar adónde ir en la otra orilla? En todos los casos la respuesta es negativa. Entonces, ¿para qué tienes que cruzar la orilla? ¿Quién te obliga? ¿Te lo manda alguien? Ahí es donde se dan cuenta de su pensamiento platónico. El estado de insatisfacción no es un problema, es solo una situación desagradable que, además, tiene arreglo. En cambio, cruzar de una orilla a otra, sin más, eso sí es un problema.

Cuenta el filósofo André Compte-Sponville: “Si queremos salvar nuestras historias de amor, o simplemente entender cómo pueden existir parejas felices, necesitamos otra cosa. Ni las obras de arte, ni los hijos, ni la religión son suficientes”. Necesitamos otra teoría sobre el amor y sobre la vida que no se base en ideas platónicas.

Quizá la filosofía de Spinoza nos pueda servir de ejemplo a la hora de hablar del deseo como motor y no como una falta. Cuando no se desea más que lo que se tiene, lo que la vida trae, lo que uno es, el deseo se transforma en potencia, y el amor, en alegría. Tenemos apetito de lo que nos gusta, de lo que deseamos, pero ese apetito no es un sufrimiento, sino una fuerza que nos empuja a gozar de lo que no nos falta.

En cambio, sufrir por lo que nos falta es aplazar el vivir o hacerlo poniéndose trampas. Eso es lo que apostilla Compte-Sponville: “Más vale gozar y alegrarse de lo que se tiene, que echar en falta lo que no se tiene. Más vale amar lo que conocemos que soñar con lo que amamos. Es la verdad de la pareja, cuando está feliz, y del amor, cuando es verdadero”. Ante la perspectiva de una vida platónica, mejor amar lo que es. (fuente: el pais.es)

martes, 16 de julio de 2013

domingo, 14 de julio de 2013

LOS PERIODISTAS Y LA CLÁUSULA DE CONCIENCIA


Por Daniel Montes Delgado 

La libertad de prensa está regulada básicamente en la Constitución, en tanto garantiza a todo ciudadano el derecho a la libertad de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento por cualquier medio (art. 2, numeral 4). No tenemos en el Perú una ley de prensa desde 1981, cuando se derogó el Decreto Ley 22244, y conforme al texto constitucional, tampoco podría regularse por ley la actividad de prensa, salvo en sus aspectos menos relacionados con la libertad de información.

Lo anterior, si miramos la actividad periodística que realiza el medio de prensa, de cara al público. Pero, al interior del medio de prensa, puede haber situaciones que sea necesario regular. Una de ellas está contenida en la Ley de Radio y Televisión, y se denomina “Cláusula de Conciencia”. En esencia, lo que dice es que el periodista que considere que el medio para el cual trabaja (obviamente, se entiende bajo relación de dependencia o subordinada), le exija realizar un trabajo que sea contrario a “su conciencia o al Código de Ética” del mismo medio, pudiendo dar por terminada su relación laboral, sin que le puedan exigir al periodista indemnizaciones o cláusulas penales (Primera Disposición Complementaria y Final de la Ley 28278).

Lo primero a apuntar sobre esto es que, conforme al texto constitucional y a la evidente relación de igualdad, esta regla es aplicable no solo a los periodistas que trabajan en radio y televisión, sino a los demás que trabajan en cualquier otro medio (prensa escrita, prensa en internet), pues les asiste el mismo derecho.

Lo segundo es que la “conciencia”, que para este caso, básicamente consiste en la propiedad de las personas de reconocer si están haciendo algo bueno o malo conforme a su propia personalidad y sus creencias, es algo muy amplio. Tanto, que no necesariamente el medio de prensa puede estar en condiciones de saber si todo lo que ordena al periodista está acorde a la conciencia de ese periodista. 

Las cosas se ponen peores cuando consideramos que conforme a la Constitución (art. 2, numeral 18), toda persona tiene derecho a guardar reserva sobre sus convicciones políticas, filosóficas, religiosas o de cualquier otra índole; con lo cual podemos enfrentarnos a un caso en que el medio de prensa ordene a uno de sus periodistas que haga algo que, lamentablemente, recién se entera que es contrario a sus convicciones, cuando el periodista en cuestión decide hacer uso de la cláusula de conciencia, pues hasta ese momento había guardado reserva de sus convicciones.

Por supuesto, la solución no es que los periodistas estén obligados a revelarle a su medio de prensa empleador, todas sus convicciones antes de empezar a trabajar. La solución, prevista en la Ley 28278 (art. 34), está en el Código de Ética del medio de prensa, que conforme a esa norma debe incluir la regulación, en su caso, de la cláusula de conciencia. Creemos que, entonces, para evitarse controversias innecesarias, el medio de prensa tendría que incluir en su código de ética, al menos las líneas principales de las convicciones que declara va a seguir en su actuación frente al público, una suerte de declaración de principios (que, por supuesto, no podrán estar reñidos con las normas constitucionales del país). 

Si este código es, además, incluido por remisión en los contratos de trabajo, el periodista luego no podrá alegar que una orden de trabajo enmarcada dentro del código de ética, atenta contra su libertad de conciencia, pues de antemano sabía a qué atenerse, y si tenía una reserva de conciencia al momento de acceder al trabajo y no la manifestó, podrá renunciar, pero no usando la cláusula de conciencia.

Esto es importante por las implicancias del uso de la cláusula de conciencia, pues en primer lugar cabe preguntarse si el periodista puede alegar esto como un despido arbitrario, al haber sido empujado a renunciar por la vía de exigirle cosas contrarias a su conciencia. Y en segundo lugar, porque está prevista como infracción grave por parte del medio de prensa, incumplir su código de ética (art. 76 Ley 28278), con lo cual se abre una posibilidad de afectación al derecho a la libertad de información del medio de prensa, si se le acusa de no cumplir con regular y usar adecuadamente la cláusula de conciencia, cosa que debe hacer en su código de ética.

RECONOCIMIENTO DR. MARCO MORENO GÁLVEZ


Honor al mérito. Con motivo de celebrarse el Día del Maestro Universitario, el destacado profesional Mg. Marco Moreno Gálvez fue distinguido en ceremonia pública protocolar por la Municipalidad de Trujillo, en mérito a sus calidades académicas en la docencia universitaria por más de 18 años de manera ininterrumpida.

Marco Moreno sigue además estudios de doctorado en derecho y ciencias políticas realizándose en la UNT; con diplomado en docencia universitaria, gestor de cultura de paz a través de su acreditación como conciliador extrajudicial; profesor de Pre y post grado de diversas universidades entre ellas la UPAO, UNT. UPAGU, UPTPT, etc.

Ha ocupado cargos públicos desde estudiante de derecho, en el Ministerio de Justicia llegando a liderar el consultorio Jurídico Gratuito de Trujillo en dicha entidad; así mismo ocupó la Jefatura Regional II del Reniec durante 8 años.

En el ámbito privado a ocupado cargos de asesoría en diversas instituciones, ejerciendo actualmente, además de la docencia el ejercicio libre de la abogacía y la asesoría de empresas, la presidencia de Rotary Club de Trujillo entidad de servicio internacional.

Currículo evidencia una constante capacitación y actualización académica y profesional que lo hace referente académico para quienes han sido sus alumnos, tal es así que este año ha sido reconocido por su ejemplar trayectoria profesional por la Municipalidad Provincial de Trujillo. 

Disertador y conferencista en diversos eventos académicos, ha sido reconocido por sus aportes al derecho y distinguido por diversas entidades públicas y privadas por su conducta profesional e intachable, habiendo sido distinguido como miembro honorario de la asociación de graduados de la Facultad de derecho de la Universidad Nacional de Trujillo.

Autor de diversos ensayos jurídicos, artículos de diversos temas de derecho y autor de la obra “introducción al Derecho Económico”. 

Felicitaciones!!


EL GOBIERNO DEL SIGLO XXI

Envío de Manuel Antonio Ledesma.-

miércoles, 10 de julio de 2013

martes, 9 de julio de 2013

domingo, 7 de julio de 2013

LAS MANOS SUCIAS DE MAQUIAVELLO


Ese personaje burlón, irreverente, bon vivant, mujeriego, que nos retrató Santi di Tito, de frente ancha, pómulos salientes y labios finos, ojos pequeños y vivaces y mirada huidiza, vestido de suntuoso ropaje negro y granate en su condición de servidor de la República de Florencia, ha encarnado durante siglos la amoralidad y ha sido catalogado como maestro de insidias y de manipulación. 

Para hacerle justicia, habría que recordar a quienes contribuyeron a trazar tan poco halagüeño retrato que el florentino fue solo responsable de desvelar las prácticas políticas que imperaban en la Europa de comienzos de la modernidad, eso sí, con más finura, perspicacia y clarividencia que la mayoría de sus contemporáneos. ¿O fue culpable de algo más?

Maquiavelo escribió El Príncipe hace 500 años (aunque no fue publicado hasta 1532, después de su muerte), confinado en su casa de campo a poca distancia de Florencia. A raíz de la caída de la República y de la vuelta al poder de los Médicis, en 1512, había sido destituido de su cargo de secretario de la Segunda Cancillería, un golpe del que no se recuperaría jamás. Pues si alguien aborrecía la "excelsa" vida contemplativa, tan alabada por otra parte por el Renacimiento, ése era él, un hombre abocado a la acción. 

Desde su casa de Sant'Andrea in Percussina, soñaba con regresar a la actividad diplomática y volver a los entresijos de la política europea y a los pasillos de las cortes de Francisco I, el emperador Maximiliano, el Papa Julio II, César Borgia o Catalina Sforza. Se resistía a aceptar un destino que le alejaba del Palazzo Vecchio y rumiaba, desde los Orti Oricellari, los jardines propiedad de Cosimo Rucellai donde conspiraban los tertulianos republicanos, su vuelta a la política activa.

Se ha otorgado injustamente a El Príncipe el título de opus magnum, olvidando que es en los Discursos sobre la primera década de Tito Liviodonde Maquiavelo pone negro sobre blanco su modelo republicano. Y, erróneamente, historiadores reconvertidos en ideólogos (Skinner, Viroli) han tratado de convertirle en abanderado de la libertad y fundador del republicanismo moderno. Aducen la vigencia de su ideal del vivere civile e libero, es decir, su apología de la participación política y del compromiso cívico, que puede servir hoy de alternativa a la apatía política y al desinterés ciudadano imperantes en nuestras democracias liberales. Pero el personaje se resiste a que le aprisionen en esa camisa de fuerza. Porque libertad (moderna) en Maquiavelo hay poca y lo que refleja su obra es una vuelta al patriotismo grecorromano. Lo que El Príncipeenseña al gobernante es cómo adaptarse a las circunstancias para conservar su poder (legítimo o ilegítimo), por medios lícitos o ilícitos. Y lo que los Discorsi alegan es que todo está permitido (incluso el crimen) por el bien de la patria. Poco que ver con nuestras concepciones democráticas.

La ética de Maquiavelo es el reverso de la ética cristiana. Y las virtudes que ensalza (ambición, crueldad, engaño y mentira), la cruz de las recomendadas en los espejos para príncipes de la época: honradez, justicia, benevolencia. Para sus seguidores personifica el realismo que se revuelve contra la ceguera de los perseguidores de sueños, de los nostálgicos de ideales imposibles, de los incapaces de comprender el dilema que atenaza al estadista y al que solo puede hacer frente aceptando la crudeza de la realidad.

Sus detractores le acusan de prescindir de cualquier tipo de sentimiento humanitario y de "encallecimiento moral". Pero, seamos justos, a pesar de su aparente falta de escrúpulos y de su laxa moral, sí hay valores en Maquiavelo, valores republicanos, es decir, valores colectivos. Porque lo que busca con ahínco el secretario florentino es la grandeza de Florencia y su transformación en una de las grandes potencias del tablero europeo. ¿Es un delito perseguir el interés general? preguntarán sus partidarios. Desde luego, si para ello se sacrifica a los ciudadanos, se exacerba el patriotismo y se glorifica la guerra. Pues Maquiavelo aconseja al gobernante mantener a los ciudadanos en la pobreza para que, no teniendo nada que perder, luchen hasta la última gota de sangre por la república. 

Su exaltado patriotismo recuerda al "dulce es morir por la patria" que cantara Horacio y que el poeta y militar Wilfred Owen, combatiente en la Primera Guerra mundial, denunció como la "vieja mentira". Pero también hay en las principales obras de Maquiavelo una apología de la guerra, no solo defensiva sino "expansionista", como medio de proporcionar grandeza y riqueza a la República y dotar de cohesión a la colectividad.

Y no nos confundamos cuando habla de virtú, uno de sus términos más controvertidos. Hanna Pitkin ha denunciado que la lucha de la virtúmaquiaveliana para doblegar a la fortuna, revestida de rasgos femeninos y seducida por la virilidad, la osadía y demás cualidades pretendidamente masculinas, es una intolerable muestra de machismo, excluyente y brutal. Y que su uso de la fuerza y de la violencia podría considerarse "proto-fascista". Y Mansfield asegura que el recurso a la violencia es el eje de su política.

Pero por lo general, los historiadores se muestran más conciliadores y justifican la virtú maquiaveliana, ese deseo de controlar el mundo, de someter al enemigo, y de aplastar a los que se oponen a nuestros fines, como puro ejercicio de supervivencia. Al elevar a paradigma de conducta la fiereza del león y la astucia del zorro, Maquiavelo no haría sino describir las opciones de la resistencia y recomendar el valor, el arrojo, el aguante del fajador para encajar los golpes de la fortuna. Sería la respuesta a una época -la incipiente modernidad-, donde imperaban la ambición, el apetito de poder, el ansia de dominación y el deseo desenfrenado de riquezas, rasgos que anticipan ya la descarnada descripción hobbesiana de nuestro mundo moderno.

En cualquier caso y con todo mi respeto por los republicanos actuales, no me parece que Maquiavelo sea hoy el ejemplo a seguir. Es cierto que Sartre, ante el gran dilema que nos plantea la acción política, nos recomendaba orillar los escrúpulos morales y mancharnos las manos en la arena política. Y nuestros coetáneos republicanos insisten en que ése es el precio a pagar por vivir en comunidad, pues no es posible la vida "al margen, por encima o más allá de la ciudad" y no podemos eludir sus exigencias ni escabullirnos ante nuestras responsabilidades (Del Águila). 

Si queremos una vida "verdaderamente humana" (Arendt), tendremos que aceptar los costes del vivere civile e libero maquiaveliano que son el dolor, la crueldad, la violencia y la transgresión, es decir, vivir con las manos manchadas. Pero sí que hay otras alternativas. Una es dar la espalda al mundo de la política y sus ruindades, como nos aconsejaba Sócrates (y los epicúreos) si nuestro horizonte es alcanzar la perfección moral.

Huir del fragor del mundo, como los ascetas o los monjes de clausura, o ir en pos del conocimiento como Spinoza, o entregarnos a lo social, al voluntariado. Todas son opciones tan respetables como la cívica. Pero también caben otras vías sin desviarnos de la vita activa. La tradición estoica encarnada por Cicerón enseña que no todo está permitido por el bien de la república y que existen barreras éticas infranqueables (los "derechos de la humanidad") en la actuación política. Hoy estas líneas rojas son los derechos individuales. Tal vez sea ésa la enseñanza en negativo más valiosa que nos puede aportar el florentino.

jueves, 4 de julio de 2013