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domingo, 18 de octubre de 2015

MARKETING POLÍTICO EN TRUJILLO

Por: Johnson Centeno

El fin de semana pasado se llevó a cabo el primer evento orgánico sobre marketing político en Trujillo, denominado I Seminario de Estrategia y Campaña Electoral, o lo que es lo mismo: Cómo diablos ganar una elección en un país como el nuestro, donde cada quinquenio tenemos candidatos como pulgas en panza de perro. 

El evento fue organizado por el Instituto Peruano de Comunicación Política, IPECOP, de la mano del buen Richard Tapia, recorrido comunicólogo y asesor político en tiempos de paz, pero especialmente en tiempos de guerra. Junto a él, Ronald Antón (Ecuador), Oswaldo Moreno (Ecuador), Mellisa Gonzáles y José Luis Rodríguez, por nuestro país, fueron los participantes que dieron lo mejor de sus experiencias nacionales e internacionales en los fragosos terrenos de la asesoría política y la comunicación.

Las jornadas sirvieron, entre otras cosas, para dejar en claro que si quieres ganar una elección debes tener a los mejores contigo, una organización profesional (no básica) y que la tienda, casero, debes tenerla abierta las 24 horas del día; que no hay candidato malo, que un candidato también se construye, y que sino tienes la voluntad de seguir un plan de campaña mejor no te metas en esta vaina. Mejor trabaja como cualquier cristiano o chapa tu ONG. 

Otra cosa meridiana es que un asesor político, un estratega, no tiene una profesión definida, pero que si quiere distanciarse de su competencia debe aprovechar los recursos de su formación y hacer el amor con la administración, la sicología, la economía y, por supuesto, el marketing en todos sus colores y sabores.

El mensaje, en este contexto, es un punto clave para cualquier mercadólogo: qué me vas vender, no es el producto o el servicio como en la mercadotecnia, sino el mensaje al corazón, al bobo, a los muelles de la esperanza, que se activan cuando ves que alguien se preocupa por ti, que procura lubricar tus ganas de un apachurre. Mira a Verónica Mendoza, la rojita que está siguiendo a pie juntillas su plan de acción, pasando piola entre su armario de incógnitas desde que se levanta de la cama. Mira, por contra, a Miguel Hilario, el candidato shipibo- conibo, promoviendo “una economía de mercado humanista, inclusiva, con oportunidades para todos". Vaya novedad, hijo de Oxford y Stanford. Mejor que vuelva el Cholo sagrado, ¿no? El mensaje, pelón, el mensaje.

Hay que reconocer que existe mucho mercachifle en este oficio y vendedores de sebo de culebra, como en la política, así que no hay que ser ingenuo, Rómulo “taladro” Mucho. Hay que sacudirse de los franeleros de turno que contaminan el mensaje en su más amplia expresión. De lo contrario lo pagas claro. Avisado estás.

Llamó la atención la asistencia de algunos personajillos que no hablaban con nadie en el evento, salvo con sus Iphones cada 15 minutos. Obviamente, enviados por algunos candidatos en potencia que no quieren exponer sus ganas de aprender porque lo saben todo, mismo Carlos Fernández. Copiado, copiado, como diría el promasón Ramos de Rosas, el Onur de la merlemada, ojos y oídos de Sina, la Santamaría.

Valgan verdades, en Trujillo nadie tiene un manejo profesional de estos menesteres, salvo —tal vez— el Chato Acuña, el de la “plata como cancha”, que mantiene un grupito de muchachos a quienes pasea por varios eventos internacionales, y que por tener una sarta de cartones colorinches de la UCV se creen la última chupadita del mango. Hasta ahora, su chamba solo ha servido para afianzar su liderazgo (engañoso) en las redes sociales (cosa que puede hacer uno de los calichines del notable ajedrecista Jorge Alvarado, experto en campañas criptográficas a nivel distrital), pero que en los otros espacios del candidato se les escapa la tortuga. Ahora, el team acuñista, tendrá la responsabilidad del manejo de la campaña política nacional, por eso se anuncian varios cambios en cabina, pues Acuña, junto a Iberico, vienen consultando con algunas agencias extranjeras de peso, de otro modo con la gente que tienen no pasarán del 5%.

A nivel local, creo que el Apra, y concretamente Murguia, han llevado el marketing político al sótano de la estrategia. Para ellos esta disciplina siempre se ha reducido a unos carteles huachafos, unos volantes de pena y unos horribles spots radiales con el fondo de la Marsellesa. Murguia nunca ha tenido buen gusto para su campaña, y sus “asesores” siempre han sido unos advenedizos buenos para poco. El resto de partidos y movimientos políticos han sobrevivido en la escena electoral.

No obstante, en los últimos años, se ha podido advertir un creciente interés por un manejo profesional en la organización y desarrollo de una contienda electoral, desde el planteamiento del mensaje, la forma y contenido, los canales de comunicación, la logística, etc. De modo que el tiempo es auspicioso, y ojalá las próximas campañas electorales den cuenta de un manejo planificado en la contienda, y se empiece a tomar con seriedad los diversos elementos que nos ofrece el marketing político no solo para darle organicidad a la propuesta, sino especialmente para el diseño de la estrategia electoral.






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