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domingo, 27 de noviembre de 2016

DEJAR DE SER LEYENDA Y DEJAR DE SER


Desde su entrada a La Habana en los primeros días de 1959, Fidel Castro, para bien o para mal, marcó la historia contemporánea. Su llegada al poder, previsible, pero a la vez sorprendente, dio comienzo a un proceso universal de toma de conciencia de lo latinoamericano. Antes de eso, la América de habla española, portuguesa, francesa, era un continente remoto, de imitación, de caricatura, poblado de gobernantes más bien pomposos y ridículos. 

Pío Baroja, con su acostumbrada acidez, había dicho que era el continente tonto, y la verdad es que razones no le faltaban. Pero a partir de la entrada en escena de Castro, el continente rezagado empezó a provocar cataclismos políticos. Y se notó, de paso, que no solo era el territorio de la revolución social más avanzada, sino también el espacio de una imaginación creadora diferente.

Después se descubriría que la imaginación y la revolución, como siempre ocurre, entraban en un choque frontal, un conflicto sin salida, pero los primeros tiempos fueron de inspiración, de fe colectiva, de entusiasmo contagioso. La prolongada permanencia de Fidel Castro en el poder, fenómeno revolucionario en sus comienzos, anomalía hispánica de la historia moderna, se convirtió al cabo de los años, en virtud de una extraña paradoja, en tiempo detenido, en expresión atrasada de realismo mágico. En su prolongado otoño, el patriarca apelaba a la magia caribeña, basada siempre, en último término, en el dominio del lenguaje. Era una afirmación del verbo enfrentado a los desacatos de la realidad: una proeza retórica, un discurso que se prolongaba más allá de la cuenta.

En la temporada universitaria de 1958 y 1959, en los meses de la campaña de la Sierra Maestra y del triunfo de la guerrilla, me encontraba en la universidad norteamericana de Princeton. Había ingresado hacía poco a la diplomacia chilena de carrera y seguía cursos en la conocida Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Internacionales. En abril de 1959, Fidel Castro fue invitado a Estados Unidos por la Asociación Nacional de la Prensa y aceptó incluir en su programa una charla en esa universidad. Princeton era entonces y todavía es una de las grandes instituciones norteamericanas, pero las autoridades universitarias de la época, asustadas, prudentes, resolvieron que la charla tuviera lugar en la pequeña sala de actos de mi escuela y ante un auditorio restringido. 

En mi calidad de alumno de postgrado, me encontraba en las primeras filas cuando el entonces joven Fidel Castro, seguido por una docena de guerrilleros masculinos y femeninos en uniforme verde oliva, hizo su espectacular ingreso. Fue todo un signo de los tiempos, de las fuerzas volcánicas que se agitaban debajo de la superficie en América Latina: en lugar de los habituales gobernantes de trajes grises, de bigotes recortados, una fila de guerrilleros de boinas y largas melenas que ingresaban al claustro con seguridad displicente.

El episodio, de una teatralidad bien calculada, arrancó murmullos de asombro, y Fidel Castro comenzó su charla con una confesión que también era teatral: un productor de Hollywood acababa de ofrecerle dos millones de dólares para que actuara en una película sobre su batalla contra Batista. Pero la verdadera batalla de Fidel solo se hallaba en sus comienzos, y era mucho más ambiciosa de lo que se imaginaban entonces los periodistas, los sesudos analistas universitarios y la gente de Washington. 

En Princeton, sin embargo, Fidel Castro, utilizando un inglés elemental, se propuso hacer un discurso apaciguador. Es imposible saber ahora si solo pretendía ganar tiempo o si consideraba en serio, en esos primeros meses en el poder, una alternativa reformista. Dijo que la reforma agraria crearía una multitud de propietarios, en un país donde la propiedad pequeña apenas existía, y que en esta forma surgiría un mercado interno próspero para las exportaciones norteamericanas.

Cuando discutí con Fidel Castro una noche de marzo de 1971, en momentos en que el poeta Heberto Padilla acababa de ser encarcelado, acusado, entre otros graves delitos, de presentarme a mí, representante diplomático de Chile, una imagen negativa de la Revolución, cité las palabras moderadas, conciliadoras, que había empleado el comandante en ese ya lejano discurso de Princeton. Yo nunca estuve en Princeton, contestó de inmediato Fidel, impertérrito, y después se dirigió al ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, la otra persona que estaba presente en la discusión. ¿Dónde estuve?, preguntó: ¿No fue en Yale? No, primer ministro, tuvo que rectificar Roa, que no había abierto la boca en toda la noche, fue en Princeton. Ahí, en ese instante preciso, cambió todo el tono de la discusión. Fidel abrió mucho los ojos, pasó del usted autoritario a un tuteo de confianza, y exclamó: “¡Tú estabas allí!”

Era complicado ser un testigo incómodo frente a Fidel Castro. Lo era para Raúl Roa, para mí, para cualquiera. Él, por su parte, era un maestro consumado de los rápidos cambios de tono. Sus discursos estaban salpicados de efectos bruscos, de culminaciones vibrantes, de climas y anticlimas manejados a la perfección. Castro se entendía mal con la gente tranquila, reflexiva, introvertida, y muy bien, en cambio, con otros actores como él, sobre todo si eran actores secundarios, y a su lado casi todos lo eran. 

En la gran política de la Guerra Fría, Nikita Jruschov, con su temperamento fogoso, chispeante, imaginativo y superficial, era la persona indicada para congeniar con el comandante en jefe. Habría sido mucho más difícil que Castro forjara una alianza con el impasible José Stalin. De manera que su estrategia, vista con ojos de hoy, parece el producto de una época, de un momento, de unas circunstancias, y de su habilidad para aprovecharlas.

No olvidemos que pudo aparecer durante todos sus primeros años, con la complacencia de Jean-Paul Sartre y de tantos otros, como el campeón del antiestalinismo, de un socialismo nuevo, alegre, libertario, con pachanga, con música de fondo, y que mientras proyectaba esta imagen tan atractiva, controlaba en forma férrea todo el sistema político de la isla, sin excluir, desde luego, al partido comunista cubano con su vieja guardia. Su escasa simpatía por Pablo Neruda y por otras figuras históricas del comunismo tenía este origen, esta razón de ser. Fidel luchó con dureza, sin el menor escrúpulo, contra un estalinismo viejo, gastado, para imponer el estalinismo suyo, que se llamaba fidelismo o castrismo.

En la primera conversación que sostuve con él, al llegar a La Habana en calidad de representante del recién instalado Gobierno de Salvador Allende, Castro me dijo tres o cuatro cosas altamente reveladoras y que demostraban, de paso, su casi total pesimismo frente al proceso que se iniciaba en Chile. Esto ocurría en los primeros días de diciembre de 1970, a las dos de la madrugada, en la sala de redacción del diario Granma. Yo había desembarcado hacía pocas horas de un avión procedente de México, después de varios transbordos, pero reconozco que se me quitó el sueño cuando se abrió una puerta lateral y apareció Fidel Castro en persona, el mismo de Princeton, pero con 12 difíciles años más a cuestas. Ahí, al cabo de un rápido preámbulo, dio el siguiente consejo: los chilenos debíamos hacer primero la nacionalización de la gran minería del cobre, controlada por compañías norteamericanas, y dejar el socialismo para más tarde.

No dijo más, pero dejó en claro que la producción socialista era endiabladamente complicada, como lo demostraba el reciente fracaso en la isla de una zafra azucarera gigante, y en cambio la nacionalización del cobre, que representaba alrededor del 90% de las exportaciones chilenas, podía ser llevada a cabo con éxito y entendida por cada ciudadano del país, sin necesidad de mayores sutilezas ideológicas. Y dijo otra cosa, que no interesaba tanto a Chile, pero que lo retrataba a él mismo en sus resortes más de fondo. Si ustedes necesitan ayuda, prometió, y hablaba de ayuda armada, no vacilen ni un segundo en pedírmela, porque seremos malos para producir, pero para pelear sí que somos buenos.

Habría sido mil veces preferible la alternativa contraria: que ellos fueran buenos, precisamente, para producir, para impulsar el desarrollo económico, para sacar a su país de la pobreza, y malos para pelear. Pero Fidel Castro, desde su juventud universitaria, fue el hombre de la confrontación, de la conspiración, de la lucha permanente. Su simbiosis con su hermano Raúl era perfecta: él llevaba adelante la lucha en el nivel político, mientras que Raúl, en su calidad de jefe militar, le cubría las espaldas. La Revolución Cubana, desde sus orígenes, fue una revolución militar socialista. Tenía que combatir siempre. Ahí estaba su sentido, su justificación y, a la vez, su talón de Aquiles. Ahora me acuerdo de los niños en edad escolar marchando por las calles de La Habana armados con fusiles de palo y gritando consignas. La primera letra del alfabeto era la F de Fidel; la segunda, la CH del Che Guevara. Parece una broma mal intencionada, pero no lo es.

El final de la Guerra Fría fue el comienzo del fin del castrismo, aunque fuera un final retardado. Una vez más, la condición de isla del país protegió a su jefe y a su régimen. Pero había un destino ya escrito. El tiempo iba a dictar su sentencia inapelable. El héroe de mi generación se transformó en un personaje anacrónico, pasado de moda, patético, lo cual no deja de ser inquietante para los de mi tiempo. Y los entonces apasionados del castrismo no derivaron al anticastrismo: evolucionaron, más bien, desde una pasión poco reflexiva, hacia la más completa indiferencia. La muerte anticipada del régimen cubano anunciaba la muerte inevitable, para muchos inverosímil, de su símbolo y su leyenda: el comandante en jefe.

CUBA SOBREVIVE A FIDEL


Por Yohani Sánchez.-

Pocos miraban la televisión oficial a esa hora. La noticia de la muerte de Fidel Castro comenzó a correr en la noche de este viernes vía telefónica, como una información imprecisa y vaga. “¿Otra vez?”, preguntó mi madre cuando se lo conté. Nacida en 1957, esta habanera de casi seis décadas no recuerda la vida antes de que el Comandante en Jefe tomara el poder en Cuba.

Tres generaciones de cubanos hemos puesto este viernes punto final a una época. Cada uno la definirá a su manera. Habrá quienes aleguen que con la partida del líder se ha ido también un trozo de nación y que ahora la Isla parece incompleta. Serán aquellos que darán forma al credo del fidelismo que llenará, en reemplazo del importado marxismo-leninismo, los manuales, las consignas y los encendidos compromisos de continuidad.

En Miami, el exilio que tanto vilipendió en sus arengas celebra que el dictador haya emprendido su último viaje. En la Isla, dentro de la privacidad de muchas casas, algunos descorchan una botella de ron. “La tengo guardada hace tanto tiempo que pensé que nunca iba a poder tomármela”, me dijo un vecino madrugador. Son aquellos que han amanecido este sábado con un peso de menos sobre los hombros, una sensación de ligereza a la que todavía no se acostumbran.Los propagandistas del mito colocarán su nombre de cinco letras en el panteón de la Historia nacional. Le dedicarán un rezo revolucionario cada vez que la realidad parezca negar “las enseñanzas” que dejó en sus horas de interminables discursos. Para sus seguidores, todo lo malo que ocurra a partir de ahora será porque él ya no está.

Estas también son jornadas para recordar a los que no han llegado hasta aquí. A los que murieron durante el castrismo, naufragaron en el mar, fueron víctimas de la censura que el Máximo Líder impulsó o perdieron la cordura a consecuencia de los delirios que promovió. Un inmenso coro de víctimas se expresa hoy en el suspiro de los sobrevivientes, la euforia en las calles de Florida o un simple “amén”.

Los más, sin embargo, tras enterarse de los detalles del magno funeral, bajan el volumen al televisor y expresan su hastío con un simple movimiento de hombros. Esta indiferencia contrasta con los mensajes de condolencia de los líderes internacionales, tanto los afines ideológicos como los demás. Sobre el muro del Malecón de La Habana, un par de horas después de que Raúl Castro notificara la muerte de su hermano, algunos grupos seguían comportándose como en cualquier otra madrugada: el sudor, la sensualidad, el tedio y la nada los rodeaban.

Los cubanos que tenían menos de 15 años en julio de 2006, cuando se anunció la enfermedad del entonces presidente, apenas recuerdan el timbre de su voz. Solo conocen las fotos en las que aparecía últimamente cuando lo visitaba algún invitado extranjero o a través de sus cada vez más disparatadas reflexiones. Es la generación que nunca vibró con su oratoria y jamás lo secundó en el temible grito de “¡Paredón!” con el que hizo bramar la plaza de la Revolución.

Esos jóvenes ya se han encargado de reducir su dimensión histórica, en proporción inversa con la desmesura que exhibió para gobernar esta nación. No dejarán de escuchar una sola letra de sus canciones preferidas de reggaetón para entonar la consigna de “Viva Fidel”. No darán a luz a una ola de recién nacidos que lleven el nombre del extinto y tampoco se golpearán el pecho ni se rasgarán las vestiduras durante el sepelio.

Nunca se había oído menos sobre el Comandante en Jefe que al momento de su fallecimiento. Nunca el olvido se había cernido como una sombra más amenazante que cuando se anunció su final. El hombre que llenó cada minuto de Cuba por más de 50 años se fue apagando, desvaneciendo, perdiéndose de la vista de los espectadores de esta larguísima película, como el personaje que se aleja por un camino hasta quedar como apenas un punto en nuestra retina.

Deja tras de sí la gran lección de la Historia cubana contemporánea: coser el destino nacional a la voluntad de un hombre termina por transmitir a un país los imperfectos rasgos de su personalidad e insuflar al ser humano la arrogancia de hablar por todos. Su gorra verde olivo y su perfil griego alentarán por décadas las pesadillas de unos o los ripios poéticos de otros, además de las promesas populistas de muchos líderes del planeta.

Su “antiimperialismo”, como lo llamó tercamente, habrá sido su actitud más constante, el único renglón en que logró llegar hasta las últimas consecuencias. No en balde, Estados Unidos fue el segundo gran protagonista de los documentales que la televisión nacional comenzó a transmitir nada más publicarse la noticia. La obsesión de Castro con el vecino del norte recorrió cada momento de su vida política.

La eterna pregunta que tantos periodistas extranjeros hacían, ya tiene respuesta. “¿Qué pasará cuando se muera Fidel Castro?”. Hoy sabemos que lo cremarán, pasearán sus cenizas a lo largo de la Isla y las colocarán en el cementerio de Santa Ifigenia, a pocos metros de la tumba de José Martí. Habrá lágrimas y nostalgia, pero su legado se irá apagando.

El Consejo de Estado ha decretado duelo nacional durante nueve días, pero el panegírico oficial durará meses, el tiempo suficiente para tapar con tanta algarabía la chata realidad del posfidelismo. Un sistema que el actual presidente intenta mantener a flote, agregándole remiendos de economía de mercado y llamados al capital extranjero que su hermano abominaba.

A la representación del “policía bueno y el policía malo” que ambos hermanos desplegaban ante nuestros ojos, ahora le falta una de sus partes. Será difícil para los defensores raulistas sostener que las reformas no van más rápido ni son más profundas porque en una mansión de Punto Cero, en la periferia de La Habana, un nonagenario tiene el pie puesto en el freno.

Raúl Castro se ha quedado huérfano. No conoce una vida sin su hermano, una acción política sin preguntar qué pensará sobre sus decisiones. Jamás ha dado un paso sin esa mirada sobre el hombro que lo juzga, impulsa y subestima.

Fidel Castro ha muerto. Lo sobrevive una nación que ha vivido demasiados duelos como para vestirse con el color de la viudez.

Mal de amores en el MINDEF: ministro y asesora en relación afectiva

Ministro de Defensa promovió de puesto en 4 días a mujer con la que tiene relación sentimental


El ministro de Defensa, Mariano González, promovió en 4 días a una mujer con la que tiene una relación sentimental. Así lo reveló Panorama, dominical que señaló que esta ‘historia de amor’ comenzó el pasado 17 de octubre, con la designación de Lissete Ortega Orbegoso como asesora tipo I del Viceministerio de Políticas para la Defensa.

La resolución 1112-2016, por ley, fue publicada el 18 de octubre. Sin embargo, 4 días después, el 22 de ese mismo mes, otra nueva resolución (1146-2016) reasigna a la abogada de 31 años en como asesora del ministro.


Con este puesto, Ortega Orbegoso tiene una remuneración de S/15,600, el mismo monto que perciben como dieta los congresistas de la República. “Yo asesoro al Ministerio en temas referidos a contrataciones del Estado, compras, temas de presupuesto…”, dijo en diálogo con el dominical.

La abogada, natural de Trujillo, es 17 años menos que el ministro González Fernández, y cuenta con un doctorado y una maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. Trabajó hasta el 2015 como asesora legal en el Programa de Apoyo a la Reforma de la Salud (Parasalud). En el 2009 se desempeñó en la Dirección de Migraciones.

CLIMBING COMPILATION ★ "Do The Impossible"

FISCAL SUPERIOR FERMÍN CARO ASESINADO EN MOYOBAMBA


Fermín Alberto Caro Rodríguez, el fiscal superior de la región San Martín, fue acribillado el sábado en la mañana por dos sujetos mientras guardaba su carro en la cochera de su casa en Moyobamba.

El Ministerio Público informó del asesinato, señalando que el Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez Velarde, ha instruido al presidente del distrito fiscal de San Martín que solicite a la Policía una minuciosa e inmediata investigación.

Sánchez Velarde también precisó que ya le ha pedido al ministro del Interior, Carlos Basombrío que se investigue con prioridad este homicidio. Por el momento, se desconocen las razones detrás de la muerte de Caro Rodríguez.

El fallecido fiscal recibió tres disparos de bala en el cuerpo y fue conducido de emergencia al hospital de Essalud de Moyobamba, falleciendo mientras los médicos lo estabilizaban para llevarlo a Tarapoto.

El abogado Carlos Torres Caro, primo de la víctima, contó a RPPNoticias que el funcionario asesinado se enfrentó a las mafias que operan en la región *San Martín *y cuestionó que no haya tenido resguardo policial pese a su alto cargo.

Every Donald Trump Cameo Ever

sábado, 26 de noviembre de 2016


BOB FOSSE choreography - " The Rich Man's Frug "

LA MUERTE DE FIDEL CASTRO




A los 90 años de edad, el líder histórico de la Revolución cubana, ha fallecido esta noche en La Habana. Su hermano, el presidente Raúl Castro, lo ha comunicado en un mensaje de televisión. "Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz", ha dicho emocionado el mandatario.

"En cumplimiento de la voluntad expresa del compañero Fidel, sus restos serán cremados en las primeras horas de mañana sábado 26. La comisión organizadora de los funerales ha dispuesto nueve días de luto nacional, hasta las 12.00 del 4 de diciembre, en los que "cesarán las actividades y espectáculos públicos" y se celebrará un "acto de masas" en la Plaza de la Revolución José Martí de la capital. ¡Hasta la victoria! ¡Siempre!", ha concluido Raúl Castro en su alocución.

La muerte de Fidel Castro cierra 60 años de historia, desde que desembarcó en Cuba con un grupo de rebeldes provenientes de México en 1956 para impulsar la guerrilla que derrocó a Fulgencio Batista en 1959 hasta hoy, fecha final de la existencia de una de las principales figuras del siglo XX.

Después de estar 47 años de manera ininterrumpida al frente del régimen socialista que construyó en torno a su liderazgo, Castro abandonó el poder hace justo diez años, en 2006, por problemas de salud. Raúl Castro, cinco años menor, tomó el mando entonces provisionalmente y dos años después, en 2008, lo sucedió formalmente como presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros.

Tal y como Raúl Castro dijo en su mensaje, en las próximas horas se anunciará cómo se realizarán las exequias de Fidel Castro, a quien se vio por última vez el pasado 15 de noviembre, cuando recibió en su residencia al presidente de Vietnam, Tran Dai Quang. La semana pasada estaba previsto que recibiese al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, pero la cita se canceló.

Desde que se vio obligado a abandonar el poder en 2006, la principal actividad pública de Fidel Castro fue la publicación de artículos en la prensa cubana. Su presencia se fue espaciando gradualmente pero se mantuvo presente hasta los últimos tiempos, como cuando en marzo pasado, días después de la histórica visita de Barack Obama a la isla, publicó una columna en la que mostraba sus reticencias ante el acercamiento del presidente de Estados Unidos al Gobierno cubano. "No necesitamos que el imperio nos regale nada", fue su frase más significativa, su rechazo final, poco antes de morir, al país con el que se peleó durante décadas, su enemigo irreconciliable.

La muerte de Castro supondrá una enorme sacudida emocional en Cuba, tanto para sus partidarios como para sus detractores, por el peso abrumador que ha tenido su figura en la vida cubana durante generaciones y generaciones. Políticamente, es el símbolo del fin de una era, aunque eso no signifique que quepa esperar pronto cambios sustanciales en el sistema cubano. Queda como último sostén de los líderes de la Revolución su hermano Raúl Castro.

Las primeras reacciones a la muerte han llegado desde el continente americano. Desde Venezuela, el gran aliado en los últimos tiempos del Gobierno de La Habana, el presidente Nicolás Maduro, ha asegurado que tanto Castro como Hugo Chávez "dejaron abonado el camino de la liberación de nuestros pueblos". El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, ha calificado al mandatario fallecido de "referente emblemático del siglo XX". El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha expresado sus condolencias a las autoridades cubanas por la muerte de "una figura de calado histórico"

En Miami, donde vive la comunidad cubana más grande fuera de la isla, cientos de personas han salido a las calles para celebrar la noticia. Muchos se han reunido en la zona de la Pequeña Habana, alrededor del Restaurante Versailles. Entre bocinazos y ruidos de cacerola se escuchaban eslóganes como "Fidel, tirano, llévate a tu hermano" y "libertad para Cuba".



viernes, 25 de noviembre de 2016

Stephen Calls Bruce Willis A Liar... MISTAKE


BERTOLDO, BERTOLDINO Y CACASENO

“El hombre no debe 
humillarse a otro”
(Bertoldo)

Los tres relatos que conforman “Bertoldo, Bertoldino y Cacaseno”, escritos por Julio César della Croce (los dos primeros) y Camilo Scaligeri della Fratta (el último), constituyen una sola saga, que desde su publicación en 1620, en toscano, lengua italiana, en la que escribieron Dante Alighieri, Francesco Petrarca, Giovanni Boccaccio, y luego Nicolás Maquiavelo, ha sido traducida a decenas de idiomas, para el deleite de adultos, jóvenes y niños. 

La obra muestra a la contradicción como el motor que impulsa la existencia y desarrollo de los hombres, los hechos e ideas. La inequidad económica, social y política es el contexto sobre el que se describe la estética de los personajes y su conducta. En fin de cuentas, lo que trasciende es el contraste entre la monarquía, representada por el rey Albuino y la plebe personificada por Bertoldo. 

La vida, ingenio y astucia de Bertoldo, un campesino rústico de mente muy aguda, en la corte del rey de los Longobardos, expresa una paradoja aparente, del hombre deforme a los cánones estéticos greco latinos, con una sapiencia de bello y noble; que esconde la verdad de la belleza espiritual, superior a la hermosura carnal.

La acción inteligente, el ingenio y las ocurrencias, discurren de principio a fin, en la corte, para bien y alegría de los monarcas; quienes valoran caramente la consejería de Bertoldo, su mujer Marcolfa, así como se regocijan de las torpezas de Bertoldino y Cacaseno.

La fortuna material del rey es contrariada y derrotada por la riqueza espiritual de Bertoldo, a quien el monarca reconoce su valía y nombra su principal consejero; lo que prueba, en plena era del conocimiento, que hace siglos la inteligencia es reconocida y usada como poder.

De otro lado nos enseña como la astucia puede manipular masas, como el caso de la supuesta ley a favor de la poligamia que puso a las mujeres contra el monarca. 

Así mismo, el relato describe la vida simple y saludable del campesino, que es feliz como parte de la naturaleza en la que vive, mientras que los cortesanos, que se sirven de la naturaleza y sus cultivadores, tienen una vida artificiosa y contaminante, que daña su salud y el medio ambiente, costumbre que desgraciadamente atrapó a Bertoldo, lo enfermó y ocasionó su deceso. 

En Marcolfa se aprecia la inteligencia de la mujer y la dignidad de la plebe. Es ilustrativo el diálogo con su nuera Dominga, aturdida al llegar a la corte, a quien le da ánimo y dice que los reyes no son seres superiores, sino personas carentes de atributos espirituales; advirtiéndole: “(a ellos) aprenderás a comprenderles por su miseria”; relievando de este modo la igualdad de la condición humana.

Las simplezas de Bertoldino, que superó en su adultez, así como la desaforada torpeza y glotonería de Cacaseno, que lo conduce hacia su muerte, matizan la narración y muestran que el genio e inteligencia no se hereda, sino se cultiva.

La obra debe ser leída y entendida en su contexto histórico, medieval, de subyugación de la mujer al hombre; pero que en el caso de Marcolfa supera con creces, cuando Bertoldo deja su aldea para vivir en la corte, gracias a que ella se integró a la producción, y asumió la dirección de la familia y el liderazgo de su comarca.

Este libro es un tributo al hombre y la mujer del campo, cuya inteligencia desarrollada por el cultivo de la tierra y la crianza de animales, le permite conocer su proceso, respetar la naturaleza y observar el día a día del desarrollo de la vida, tan extraña al cortesano que vive gracias a la servidumbre ajena.

Su contenido encierra un enorme caudal de reflexiones y enseñanzas que todo lector debe conocer. Muchas de ellas de aplicación a nuestro quehacer actual. De allí que nuestro esfuerzo editorial se haya reiniciado con su publicación.

Trujillo, 19 de noviembre de 2016

Roberto Alvarado Rubiños

miércoles, 23 de noviembre de 2016

martes, 22 de noviembre de 2016

lunes, 21 de noviembre de 2016

"MACHITO" AGREDE A MUJER CON BEBÉ EN BRAZOS





Una indiganda mujer contó como fue agredida por un hombre cuando tenía a su niño en brazos,porque le increpo que estacionara su auto en la vereda. El caso de agresión fue registrado en video y difundido en Facebook donde se convirtió en viral. El acusado, un día después apareció en la dependencia policial para acusarla de causar daños en su automóvil.

Mariana del Solar contó que el sujeto identificado como César Augusto Zea, estacionó ocupando casi la totalidad de la vereda y bloqueando además el espacio de discapacitados.

Trump anuncia la retirada de EE. UU. del TPP

Aterciopelados - Baracunátana


domingo, 20 de noviembre de 2016

LA AGENDA Z.


Por Johnson Centeno.-


El foro APEC convocó a las mejores luminarias del mundo político en un pequeño país sudamericano para muchos todavía exótico, aunque en franco proceso de asimilar oportunidades; más aún, un país de antepasados incaicos que ahora conduce un presidente de orígenes judío-polaco, nacionalidad norteamericana, y que inclusive habla fluidamente el alemán. 

Entre las discusiones a puerta casi cerrada sobre esta edición se encontraban los temas de modernización de las pequeñas y medianas empresas en la zona Asia- Pacífico, fortalecimiento del mercado de alimentos, desarrollo de capital humano y promoción de la integración regional económica. Pero había espacio para un temas más, que fue puesto en la agenda del evento sin mucho esfuerzo: “La revolución de la conectividad”, a cargo de Mark Zuckerberg, creador y CEO de Facebook, la plataforma que hace más de una década llegó para quedarse, con todo lo que ello implica para las relaciones interpersonales, tecnológicas, empresariales, etc. 

El fundador del ‘face’ no es un gobernante o primer ministro, ni mucho menos fue elegido por voto popular en apretada elección, de modo que técnicamente no decide asuntos públicos o metanacionales, pero su criatura ha sobrepasado cualquier límite, junto con otras aplicaciones y novedades tecnológicas al alcance de tu mano.

Esta plataforma virtual se ha extendido de manera vertiginosa en la mayoría de naciones del orbe, y es un ejemplo incontrastable de un emprendimiento con ciudadanía global, al punto que algunas legislaciones han empezado a reconocerle estatuto jurídico, por sus manifestaciones en el consumo, la política, la seguridad, los afectos, y todo lo que uno se pueda imaginar a partir de un like, incluyendo el lado más oscuro de sus usuarios.

El post de Zuckerberg debió haber sido: “Si organizan APEC están en algo, son ‘prepago chévere’. Actitud, es el primer paso para salir de la pobreza. Vendo facebook y de paso los entretengo con mis drones. Allá voy, Perú”.

Solo en nuestro país alrededor de 17 millones hacen uso de esta red social (Sudamérica en general es una perita en dulce para este negocio, pues ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años), y el 80% de ellos se conecta desde un dispositivo móvil, aunque solo el 40% de la población cuenta con acceso a Internet, y en esto apenas superamos a Bolivia. Un estudio de BBVA Research apunta deficiencias en infraestructura, falta de cobertura y calidad de señal, aunque ha ido mejorando la competencia en internet móvil. 

Conectar pobreza y tecnología en un discurso es algo que inventaron Gates y Jobs en sus mejores tiempos, y Z. es su alumno más aplicado. La revolución de la conectividad en el pensamiento del CEO de Facebook es “la clave para acabar con la pobreza, alcanzar un mejor futuro y permitirá avances “impensables” en educación, salud, seguridad y la prosperidad económica”. Y agregó: “Conectar a todos puede sacar a cientos de millones de personas de la pobreza”. El creador de Facebook, además, recordó que la “mitad de la población del mundo no está conectada a internet” y apuntó que, según algunos estudios del Banco Mundial “de cada diez personas que entran en internet, una sale de la pobreza”.

El mensaje tiene un punto de quiebre que no hay que perder de vista: a partir de hoy las prioridades de la agenda pública borran sus fronteras, y los emprendimientos virtuales completan la fórmula para salir de la pobreza. Mientras tanto, todos nos conectamos al facebook y nos desconectamos cada vez más de nuestras propias realidades. Mientras tanto, jugamos a ser ciudadanos globales. No importa, lo que importa es que la compañía del logo azul está valorizada en 300 mil millones de dólares, gracias a nuestros likes. ‘Todos’ es el mercado. Facebook el camino.

Ergo, Zuckerberg no vino a animar un debate inteligente que comprometa su creación sino a vender como lo hace todos los días en facebook. Es como una oferta donde los verdaderos destinatarios son quienes todavía deciden la cosa pública, desde Putin (Obama ya no cuenta) hasta el chiflado Duterte, presidente de Filipinas. Zuckerberg es el Jerry Maguire del siglo XXI. El resto es puro marketing. 




James Corden and Tom Hanks Act Out Tom's Filmography

APEC 2016: mandatarios se tomaron fotografía oficial del foro


miércoles, 16 de noviembre de 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

LA 'TRUMPIZACIÓN' DE LA POLÍTICA



“Las elecciones”, afirmó Abraham Lincoln, “pertenecen al pueblo. Es su decisión. Si los ciudadanos deciden darle la espalda al fuego y quemarse el trasero, tendrán que sentarse sobre las ampollas”. Los estadounidenses han mirado el fuego y ahora están pagando la decisión con ampollas. Pero una cosa es votar y otra dirigir una democracia. 

Las elecciones, en el mejor de los casos, no reflejan las virtudes de la democracia. Por el contrario, nos muestran que los ciudadanos están dispuestos a aceptar o rechazar candidatos sobre la base de una psicología conductual. Durante meses, los candidatos a la presidencia estadounidense han llevado la política del país a un juego polarizador de “nosotros” y “ellos”. Pero a pesar de todos sus carteles y sus actos públicos, lo que se ha echado terriblemente en falta en las elecciones estadounidenses han sido el vigor ciudadano y la virtud republicana.

No olvidemos que para muchos padres fundadores del republicanismo estadounidense las elecciones no debían medirse en función del interés propio y las ambiciones personales, sino en función de la virtud y la excelencia aplicadas a la totalidad de la sociedad estadounidense. Por definición, el republicanismo estadounidense se basaba en la teoría y en la práctica en la idea de la virtud cívica y en la muy simple verdad de que los ciudadanos son capaces de gobernarse a sí mismos. Quizá debido a este espíritu público, muchos republicanos fundadores consideraban que la virtud cívica era la base para la felicidad y el autogobierno. 

Como dijo en una ocasión John Adams, “la virtud y la simplicidad son indispensablemente necesarias en una república entre los hombres de todos los órdenes y grados”. Esto era aplicable en gran medida a la revolución de Estados Unidos, que había ayudado a promover la cultura del vigor ciudadano y la virtud republicana. Pero pronto Estados Unidos se convertiría en lo que Adams, en una carta escrita a Mercy Warren, llamó “un espectáculo de indiferencia y escarnio para los tontos y los malvados, y de dolor y vergüenza para los sabios de la humanidad, y todo esto en el espacio de pocos años”.

Lo que estas elecciones nos han enseñado es que la democracia es una frágil experiencia social e histórica. No obstante, la democracia representativa moderna y todo el procedimiento electoral son también formas de domar los prejuicios primarios de los ciudadanos que agravan la violencia y borran lo político del ámbito público. La democracia moderna siempre ha sido consciente de su maldad interior, y por lo tanto ha intentado disimularla. De por sí, engaña a todos en todo momento, en especial en tiempos de elecciones.

La percepción de la decadencia de los valores republicanos y de la falta de virtud ciudadana en diferentes segmentos de la sociedad estadounidense llevó a Adams a concluir que el amor al interés privado se había vuelto más fuerte que el amor al bien común. Sorprendentemente, lo que Adams veía como el abandono de la virtud republicana en las colonias recientemente liberadas constituye de nuevo el fondo del problema con las últimas elecciones de Estados Unidos.

Lo que las elecciones estadounidenses nos han enseñado es que es posible invitar a las masas a elegir sin convertir necesariamente los dos ideales de libertad y democracia en una forma de autogobierno. El aumento de los vicios republicanos de fastuosidad, ambición, mentiras, comercio y sectarismo en las recientes elecciones estadounidenses no ha resaltado necesariamente las capacidades creativas de los votantes estadounidenses como individuos autónomos con un perfecto dominio de su destino político. Sin embargo, la democracia necesita la virtud ciudadana para que las personas se den cuenta de que las aspiraciones para el futuro son más importantes que las necesidades del presente.Lo que podemos denominar la “trumpización de la política” en las elecciones de Estados Unidos nos ha demostrado, una vez más, que es posible que un político humille y degrade a un conjunto de personas de la forma más terrible, mostrándoles que carecen de virtud pública, y esas personas sigan queriéndolo. 

Esto nos lleva a la cuestión de las multitudes en las democracias y a la necesidad de seguir a los dirigentes. Ni que decir tiene que las ideas de “servidumbre” y “sumisión al poder” no solo son elementos sustanciales de las tiranías, sino que tienen también una importancia evidente para la tarea de entender este fenómeno de “trumpización de la política” en las democracias contemporáneas. Es una combinación que convierte el proceso de mentir y dominar en las democracias en algo muy diferente de otros tipos de dominación. Como sostiene el premio Nobel de Literatura Elias Canetti, “el hombre tiene una profunda necesidad de organizar y reorganizar en grupos a todos los seres humanos que conoce o puede imaginar; al dividir esa masa laxa y amorfa en dos grupos opuestos, da a dicha masa una especie de densidad. Dispone estos grupos como en formación de batalla; los hace exclusivos y los llena de enemistad mutua… En la raíz del proceso se sitúa el impulso de formar bandas hostiles, lo que, al final, conduce inevitablemente a verdaderas bandas en guerra”. 

Canetti se refiere aquí a la relación nosotros/ellos, que puede emerger de la lógica de las multitudes. Sacando a la luz la naturaleza antagonista de las identidades políticas, convirtiéndose en lo que el politólogo alemán Carl Schmitt llamaba una relación de amigo-enemigo, cualquier forma de servilismo hacia una multitud elimina automáticamente la posibilidad de sentido común en un orden democrático. Curiosamente, la multitud nunca se gobierna a sí misma, sino que se deja guiar y gobernar por unos cuantos. La principal idea tras esto es que las multitudes se habitúan a modos de no pensar y no cuestionar hasta los temas comunes más simples y triviales. Distraídas por el pan y el circo, pierden la autonomía y la creatividad, y se vuelven incapaces de ver más allá del proceso de votar. La razón por la que dicha lógica del pan y el circo sale adelante sin demasiado cuestionamiento es que parece adherirse a la idea de la propia democracia electoral.

Sin duda, la democracia en la historia no solo se inventó para adular a las multitudes sino también para profundizar la virtud de la ciudadanía en la práctica. La virtud republicana de la ciudadanía era la filosofía política que guió a los padres fundadores del país. Para ellos era algo más que una campaña electoral. Era una forma de vida y un compromiso inflexible con la virtud cívica. No olvidemos lo que Thomas Jefferson escribió a John Taylor el 28 de mayo de 1816: “Podemos decir con acierto y significado que los Gobiernos serán más o menos republicanos según tengan un mayor o menor elemento de elección y control populares de su composición; y creyendo, como creo, que la masa de ciudadanos es el depositario más seguro de sus propios derechos, y en especial, que los males que derivan de los engaños al pueblo son menos perjudiciales que los derivados del egoísmo de sus agentes, soy amigo de esa composición del gobierno que tiene en sí más de este ingrediente”. 

Mirando lo que las recientes elecciones de Estados Unidos han dejado a la opinión pública de todo el mundo, parece claramente que la trumpización de la política ha sustituido al noble espíritu de los padres fundadores del país y a su clara pasión por el bien público y la virtud ciudadana. Esperemos que este ejercicio de la política se mantenga dentro de las fronteras de Estados Unidos, sin extender su influencia a otros países
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TRUMP Y LA GLOBALIZACIÓN



Los obreros industriales y las clases medias castigadas y menos instruidas, junto a una porción considerable de latinos, depositaron sus esperanzas en un multimillonario que prometió resucitar el sueño americano. Trump llega a la Casa Blanca cabalgando sobre los efectos de la globalización, aupado en ese ejército de afectados por ese terremoto.

El mundo se está acomodando a una etapa histórica de la cual sólo estamos viendo el comienzo y algunas, no todas, de sus enormes consecuencias sistémicas. La desigualdad, la concentración de la riqueza y la extensión de la pobreza son de una obscenidad inocultable, como también los temores que los vientos de la historia se lleven puestos a las naciones. Como contrapartida, se refuerzan los mecanismos de defensa que difieren en cada lugar: Brexit, en Gran Bretaña, saliendo de la Unión Europea; la posibilidad de que Francia se vuelque de una vez a la derecha; el reforzamiento de regímenes autoritarios en los que la democracia es una fachada, entre otros ejemplos en los que sobresale con brillo propio la victoria de Trump.

Su estrategia electoral apeló al renacimiento del orgullo y del nacionalismo, al respeto que Estados Unidos tuvo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Poco después, se empantanaba en Corea y se hundía en Vietnam. Rememora Trump: “Fuimos respetados por todos, acabábamos de ganar una guerra”. Si se extrapola esa frase en una lectura lineal, la conclusión es obvia sobre su visión de la seguridad nacional: la solución militar es la primera opción. El espíritu guerrero, en cuyo nombre se cometieron injusticias, gruesos errores, y grandes negociados, aparecen en la raíz de su exhortación a combatir la frustración de EE.UU.

Su mirada económica apunta a lo mismo: proteccionismo para intentar revivir industrias sobre las que impactó de lleno la globalización. Al menos en el lenguaje, parece un revival hacia aquel país que emergió como líder de la mitad del mundo y que confrontó con la URSS hasta su implosión. The New York Times, con una dosis de ironía y de verdad para mostrar el cambio de época, escribió que Trump ha prometido revivir la producción de acero “que ahora emplea casi tanta gente como un gran centro médico”.

Hay en Trump una visión simplista de la globalización. El mundo ya nunca podrá ser el de los años de posguerra, añoranza compartida con la Rusia de Putin. El extremo Oriente, y la India, son ya en su conjunto un actor equivalente o superior al norte Occidental.

La gran confrontación ha sido cultural. Los ganadores quieren volver a tener una oportunidad y creen que la otra mitad de EE.UU. y sobre todos los ricos como Trump al que paradójicamente votaron, se quedan con el esfuerzo y sus impuestos. En ese deterioro del “antisistema”, que recoge simpatías por derecha y por izquierda, se pueden parir estas criaturas.

Los balances y contra balances de la democracia debieran funcionar para corregir si se toman desvíos peligrosos.

La historia deja enseñanzas y sería necio ignorarlas.


Donald Trump asegura que expulsará hasta 3 millones de inmigrantes


El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, reculó en su propuesta para deportar a los 11 millones de indocumentados que viven en el país norteamericano y aseguró que las expulsiones se dirigirán contra los inmigrantes con antecedentes penales, lo que afectará hasta a 3 millones de personas.

En declaraciones a un programa de televisión, Trump dijo que: "lo que vamos a hacer es tomar a la gente que son criminales y que tienen antecedentes penales, pandilleros, traficantes de droga, probablemente dos millones, podrían ser incluso tres millones, y vamos a echarlos del país o vamos a encarcelarlos".

Por otro lado, el próximo mandatario estadounidense señaló que se controlará más a la hora de usar su cuenta de Twitter. "Voy a estar muy controlado, si es que llego a utilizarlo, voy a estar muy controlado", expresó.

Consideró que una de las claves de su triunfo es el uso de la red social. "Twitter es tremendo. Es una forma de comunicación. No hay nada de lo que debamos avergonzarnos", indicó.

En otro momento, Trump elogió a Hillary Clinton, quien lo llamó para felicitarlo. "Fue una llamada dura para ella, quiero decir, me imagino. Más dura para ella que lo hubiera sido para mí. No podía haber sido más agradable. Me dijo: 'Felicidades, Donald, bien hecho'", sostuvo. Añadió que califica a su adversaria de "muy fuerte" y "muy inteligente".

Asimismo, dijo que mantendrá partes de Obamacare, pese a que durante la campaña electoral prometió que revocaría "completamente" la reforma sanitaria de Obama.

Participación coral del jueves 10 de noviembre Casa identidad regional




domingo, 6 de noviembre de 2016

EL LENGUAJE DEL ODIO



Prolifera en la política el lenguaje del odio. Lo hace en España y fuera de ella; en las redes sociales, los platós televisivos y las emisoras de radio; en la calle y, también, por desgracia, en los parlamentos. El lenguaje del odio no es nuevo; es tan viejo como el empeño de los totalitarismos, sean de izquierdas, de derechas o nacionalistas, en destruir la democracia, acabar con la libertad e imponer su credo a los individuos. 

Pero sorprende que haya vuelto, y que lo haya hecho con tanta virulencia. Lo observamos extenderse en la América que representa Trump, el Reino Unido de Nigel Farage, la Francia de Marine Le Pen o la España de Gabriel Rufián. Unos ofenden a las mujeres, otros denigran a los extranjeros, los de más allá humillan a los musulmanes y los de más acá presumen en público del asco y desprecio que les provocan sus rivales políticos.

En el lenguaje del odio se confunde el acto de hablar, cuyo fin es construir sentido, con el acto violento, cuyo fin es destruir. El lenguaje, que en una democracia debe habitar en una esfera autónoma y separada de la coacción, se transforma en un elemento a su servicio, convirtiendo el discurso político en la continuación de la violencia por otros medios.

Los que practican el discurso del odio, muchas veces arrogándose la defensa de una democracia que alegan mancillada, deberían saber que esta solo es posible a partir de la oportunidad de réplica y expresión, que el intercambio de argumentos, de opiniones o de razones políticas solo es posible bajo la forma de un respeto moral que uno debe de partida al adversario político. Pero, por desgracia, el lenguaje del argumento y la contestación política genuina está desapareciendo a favor de la descalificación y el insulto bélico: traidores, enemigos, iscariotes, todo forma parte de la jerga del dogmático que exhala verdades como puños con las que mutila cualquier vestigio de conversación.

El lenguaje del odio desnaturaliza el fin democrático del parlamento (parlamento, recuérdese, viene de parliamentum, habla). Cuando el lenguaje de la injuria, utilizado para ofender, se traslada al parlamento, no solo se estigmatiza y subordina al agraviado, sino que se excluye la posibilidad de una respuesta. Cuando no hay argumento, sino mera descalificación, se elimina la opción de réplica y, por tanto, del diálogo. Cuando se señala al adversario político como indigno, se impide el juego político, pues se evita la posibilidad de que el otro pueda vencer aportando mejores razones.

El disenso es la condición de posibilidad para iniciar un diálogo, y la escucha, el prólogo de una conversación responsable. En una sociedad abierta, el enemigo no es quien piensa de otra manera o nos quiere convencer con sus argumentos, sino quien quiere destruir el diálogo y la mera posibilidad de discrepancia legítima. En este país, donde tanto y con tan funestas consecuencias se ha practicado el odio, deberíamos haber aprendido ya que el lenguaje del odio no produce nada, salvo más odio, desprecio y desafección política. Ese lenguaje debe ser desterrado de la política democrática, porque es incompatible con ella.


Gobierno da cargo a ex miembro del TC denunciado por corrupción


El viernes pasado, la ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, emitió una resolución en el diario oficial "El Peruano" en la que comunica que su sector creó un grupo especial que estará dedicado a dar propuestas para reformar el actual Código Procesal Constitucional. Entre la lista de convocados, hay un nombre que llama particularmente la atención. 

Se trata de Gerardo Eto Cruz, ex integrante del Tribunal Constitucional, que fue denunciado en diciembre del año pasado por el fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, quien señaló que el ex magistrado habría incurrido en el delito de cohecho por presuntamente recibir una coima de US$ 80 mil del ex alcalde de Chiclayo Roberto Torres Gonzales.


Este nombramiento se da días después de que se supiera que el ex viceministro de Economía en el régimen fujimorista y condenado por corrupción, Alfredo Jalilie, fue convocado por el actual gobierno para que proponga mejoras en la gerencia financiera en el Ministerio de Salud y la reforma del Seguro Integral de Salud (SIS). 

Cabe recordar, que la denuncia a Gerardo Eto Cruz se basó, entre otras cosas, en la declaración del colaborador eficaz 014-2014, quien dijo que el ex magistrado, cuando era miembro del TC, apoyó a Roberto Torres para que se deje sin efecto una condena que había recibido por peculado y que lo inhabilitó de su cargo por dos años. 


Pablo Sánchez presentó su denuncia el 7 de diciembre del año pasado al entonces presidente del Congreso Luis Iberico, con el fin de que sea remitido a la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales y luego discutido en el pleno del Congreso [paso necesario para que un alto funcionario sea procesado por un delito en ejercicio de su función].

La denuncia de Sánchez, no obstante, fue archivada por la Subcomisión de Acusaciones. El hecho se dio cuenta en la sesión de la Comisión Permanente el 7 de julio de este año, tres semanas antes de que iniciara sus funciones el nuevo Congreso. Marisol Pérez Tello fue una de las integrantes de la comisión que decidió archivar la denuncia. 

Junto a Gerardo Eto Cruz también fueron nombrados Domingo García Belaunde, Juan Carlos Morón Urbina, José Felix Palomino Manchego, Eluterio Ramírez Jiménez, Anibal Quiroga León y Arsenio Ore Guardia. Cabe precisar, que los miembros de esta comisión, según indica la resolución ministerial, no cobrarán por sus servicios prestados.

Eto Cruz fue elegido como magistrado del Tribunal Constitucional en el 2007, tras ser propuesto por el Partido Nacionalista.

BAJA, BAJA, PPK (Y TODOS LOS DEMÁS)



Las últimas encuestas (GfK, CPI y Datum) nos traen la confirmación de lo que se veía venir. La aprobación nacional del presidente comenzó a caer en el último mes, antes de cumplirse los convencionales 100 primeros días. La cosa se nota más grave cuando se observa que la desaprobación al presidente sube de forma significativa en los estratos medios y más pobres. Según Datum, si en agosto estuvo en apenas 14%, ahora se ha incrementado a más del doble. Algo semejante sucede con el premier Zavala y sus ministros más mediáticos.

Esto se explica en parte por el indignante caso Moreno, la desgracia en Las Bambas, la inconsistencia de la bancada oficialista y las denuncias contra algunos funcionarios y asociados al “partido” de PPK. Según todas las encuestas, los ciudadanos ya evalúan el desempeño del gobierno por debajo de sus expectativas iniciales. De la misma forma, los atributos positivos que detentaba el presidente (liderazgo, energía, empatía, respeto, etc.) también están en declive.

Otra forma de entender esta caída inicial –que resulta más pronunciada que las sufridas por los presidentes anteriores– tiene que ver con la ausencia de banderas del gobierno de Kuczynski. En todos los estudios los encuestados no reconocen temas clave de esta gestión, tampoco ningún logro relevante. Para GfK, algunos valoran su viaje a China y Estados Unidos. Según Datum, lo que más aprecian son las primeras acciones contra la delincuencia. Sin embargo, más de la mitad de la gente no está suficientemente informada acerca de las primeras iniciativas que el gobierno ha venido anunciando.

Pero el Ejecutivo no cae solo. Los otros poderes del Estado también han visto mermada su aceptación popular, incluyendo a la presidenta del Congreso que, según Datum, tuvo una auspiciosa aprobación del 42% y ahora está en 29%. A su vez, los detractores de Keiko Fujimori (53%), Verónika Mendoza (56%) y Alan García (79%) son muchos más que sus seguidores. En otras palabras, si la nueva gestión comienza mal, esto no necesariamente le favorece a sus opositores. Cuando cae uno caen los demás, porque son vistos como parte del mismo desprestigiado juego político. Las encuestas muestran que para la mayoría los principales problemas del país son la inseguridad ciudadana y la corrupción, y ninguno de los actores políticos es percibido como un agente clave para vencer estos flagelos. Por el contrario, son considerados como parte del problema.

El desafío del nuevo gobierno no es de comunicación sino de liderazgo. El gobierno no logra proponer una agenda, solo reacciona a las crisis. Y el reto de sus opositores es parecido: mientras unos se están dividiendo (izquierdas, Apra, PPC, AP, etc.), los otros, como el fujimorismo, se hunden en los dimes y diretes de eso que la gente llama la politiquería.