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domingo, 26 de febrero de 2017

SATÉLITE Y LA CACOSMIA INFORMATIVA


Por Johnson Centeno.-

El vespertino Satélite, con sus casi 50 años a cuestas, es toda una institución periodística en Trujillo tanto o más conocido que el shambar o la sopa teóloga; para sus cercanos, es el ‘hermano menor’ del matutino diario La Industria (o lo que queda de ella), y no pocos sostienen que en verdad es quien paga los gastos de la casa por la alta demanda de cada una de sus ediciones locales.

Sus características más saltantes son: titulares de impacto, amarillismo, deformación de la información, trascendidos políticos y avisos de prostitución. Todo ello en un lodo de sangre y mala redacción. A 80 céntimos de sol la tajada.

Pero lo que publicaron en su portada del miércoles pasado quedará en los anales del lado oscuro del periodismo más insano y macabro: una portada de antología exhibiendo el cadáver de un niño de apenas un año de edad, que ni en las escenas más alucinantes de Tinta roja, la película de Lombardi. 

Dicha portada ilustraba en mayúsculas: “¡MATAN A BALAZOS A NIÑO DE UN AÑO!”. La bajada remataba: “Malditos sicarios le dispararon sin piedad en la cabeza”. Suficientes datos para estremecer cualquier morbo adormilado, y atizar las conciencias más sórdidas. En puridad, se trataba de una bala perdida (no “le dispararon”), pero la portada inducía a pensar que unos desalmados se habrían ensañado con él y lo asesinaron con alevosía y ventaja (“sin piedad”). 

La indignación llegó a las redes sociales y a alguna gente acostumbrada a este modus operandi, propio de un pasquín asqueroso, que lo compra y lee con recelo. Pero no a todos. La sangre chorreante de sus portadas, los cuerpos calcinados, despanzurrados, la rabia e impotencia de víctimas y agresores que inundan sus páginas desde antaño han traído consigo un efecto perverso en sus lectores. Como que esta forma de divulgar la información (porque no se puede llamar a esto investigación) es lo más normal del mundo: la muerte, con el vespertino Satélite, acompaña a los trujillanos a la hora del almuerzo o a la hora de la siesta, y es algo de lo más cotidiano. 

Esto se llama ‘cacosmia’, como afirma Marco Aurelio Denegri: aquella situación donde aquella persona que vive en la basura o pestilencia tarde o temprano se complace en ella, se acostumbra, se vuelve adictiva; donde la vulgaridad y la cochinada es una vocación y un destino, y todo le parece común a los sentidos. Al igual que la cacosmia televisiva, la cacosmia informativa se vuelve un ingrediente del ciudadano de a pie, pues se irrita si le quitan su esparcimiento basuralicio. 

Esta forma de hacer periodismo en Trujillo fue inaugurado por el chino Lorenzo Kcomt Kooseng, fundador y director de aquellos años de oro del vespertino, quien luego pasó la posta al malogrado Víctor Hugo Paredes Florián, quien le imprimió cierto equilibrio entre notas de cadáveres, política y vedetts del momento. Hoy en día, esa fúnebre misión la encarna Paúl Acevedo Gutiérrez, su vampiro favorito, quien ha seguido diligentemente la línea de sangre, prodelincuencia y todo lo que le gusta a la gente. 

Este fue el director que dio luz verde a la publicación del niño asesinado, y ahora se encuentra procesado por el Tribunal de honor del gremio periodístico liberteño, a raíz de un llamado de atención del buen Max Obregón Rossi, egresado de Bausate y Meza, actual Decano del Colegio de Periodistas del Perú. Por supuesto no pasará nada porque nadie se mete con el vespertino, sino pregúntenle a la Defensoría del Pueblo o al Ministerio Público, los primeros llamados a atender el caso en atención al Art. 6 del CNA: “Cuando un niño o adolescente se encuentren involucrados como víctimas, autores, partícipes o testigos de una infracción, falta o delito, no se publicará su identidad ni su imagen a través de los medios de comunicación”.

Un antecedente más o menos lejano con el presente caso fue la divulgación de la foto del pequeño de tres años Aylan Kurdi, tendido en las orillas de una playa al oeste de Turquía, que dividió a la prensa europea en torno a la procedencia o no de la publicación. En su momento, el niño se convirtió en símbolo, su foto estremeció al mundo y dio pie para que muchos gobiernos dieran algunas concesiones a los migrantes Sirios en Europa.

La ‘prensa amarilla’ o ‘amarillismo informativo’ existe en todo el mundo, y es un género por naturaleza rentista: escandalizar para vender más; con eso mantienes el tiraje, los hermanos mayores y los vampiros que hacen o autorizan las publicaciones, que también tienen hijos, hermanos o parientes, pero que nunca serán tratados como lo fue el niño de iniciales L.G.U.C, muerto en las polvorientas calles de Chao. 

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