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lunes, 27 de marzo de 2017

LA JUGADA DE PIÑERA



Tal y como estaba escrito, Sebastián Piñera confirmó esta semana su candidatura a la presidencia; una circunstancia que vino a reforzar el escenario de campaña justo en el momento en que a la Nueva Mayoría se le acrecienta la amenaza por su flanco izquierdo. 

En efecto, la irrupción del Frente Amplio y el desafío que este actor emergente representa para el oficialismo, llevaron al candidato de la oposición a ubicarse lo más a la derecha posible, apostando a que las diferencias al interior del bloque gobernante solo van a tender profundizarse ante el riesgo de una fuga de votos hacia el nuevo referente. Fue precisamente eso lo que con agudeza explicitó Ricardo Lagos, al alertar sobre la posibilidad de una gran derrota estratégica de la centroizquierda.

Las primeras señales de Sebastián Piñera ilustraron los contornos de su diseño político y comunicacional, una apuesta que buscará situar al país ante ‘caminos divergentes’, y cuyo eje central será la dicotomía entre la continuidad o rectificación del actual proceso de reformas. De algún modo, lo que el exmandatario puso en movimiento es un claro intento de ‘politización’ de la próxima contienda, buscando que la mayor homogeneidad de posiciones que hay en su sector contraste con las diferencias y tensiones que recorren al oficialismo y, en especial, con la creciente distancia que ya se observa entre la Nueva Mayoría y el Frente Amplio.

Fue quizás este objetivo el que llevó al expresidente a una jugada riesgosa en estos tiempos de crisis y desconfianza hacia la política: destacar el rol que los partidos de su coalición tendrán en la campaña. De algún modo, Sebastián Piñera apostó así al sustrato ideológico que sin duda existe en los altos niveles de desaprobación que hoy exhiben el Ejecutivo y su programa de reformas. La dicotomía planteada entre ‘un mal gobierno’ y el imperativo de ‘enmendar rumbos’, será entonces la cancha hacia donde el candidato de la oposición intentará llevar la contienda en esta primera etapa.

El Frente Amplio ha venido a consumar el cuadro de polarización abierto por la Nueva Mayoría, cuando, al apostar por la enorme popularidad de Michelle Bachelet, estuvo dispuesta a moverse hacia la izquierda descuidando el centro. Iniciado el gobierno, el tenor de las reformas provocó una verdadera estampida de los sectores medios y moderados, que ahora tendrán escasas posibilidades de ser reconquistados por una coalición seriamente amenazada desde la izquierda. En este primer movimiento, entonces, Sebastián Piñera no necesitaba ir a la captura de la votación de centro, porque ese segmento difícilmente podrá ser atraído por una Nueva Mayoría tensionada por la disputa con el Frente Amplio.

En definitiva, ante la inminencia de este conflicto, Sebastián Piñera simplemente optó por asegurar la unidad de la centroderecha y su empatía con los altos niveles de desaprobación del actual gobierno, apostando a que los sectores de centro no tendrán, en la batalla que se avecina a extramuros de su coalición, ninguna posibilidad de quedar a resguardo.

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