VIDEITOS MANDAN

Loading...

domingo, 30 de abril de 2017

DERECHO HUMANO A LA PAZ: UN MODELO POR ARMAR


“Todo lo que nosotros llamamos ahora cultura, 
formación, civilización, tendrá que 
comparecer alguna vez 
ante el infalible juez Dioniso” 

(Nietszche)
Por Dany R. Espinoza González.- (*)

Lo poco o mucho que se haya avanzado en términos fácticos o jurídicos respecto del derecho a la paz ha sido puesto en jaque con lo que viene aconteciendo en el mundo por las reiteradas amenazas de una guerra atómica entre Corea del Norte y los EE. UU.

Esta semana el portaaviones USS Carl Vinson (que lleva 6 mil militares y 90 aviones) ha ingresado a las aguas de la península coreana, sumándose al submarino nuclear Michigan y al destructor Wayne E. Meyer, y ya se especula el arribo de los portaaviones Reagan y Nimitz. El escenario se pinta como una antesala de una conflagración que nadie desea pero que algunos líderes mundiales han comenzado a tomar en serio, con todo lo que ello supone para la vida de miles de personas, la economía, las posiciones geoestratégicas y el Derecho internacional.

Siria es otro caso cuya realidad, en este momento, se dispara ante nuestros ojos pues no tiene, al parecer, solución de continuidad. Como afirma un reciente informe del diario El País, el conflicto entra ya en su séptimo año sin atisbos de que la espiral del horror se acerque a su fin y con unas negociaciones de paz en un punto muerto. La guerra en ese punto del mundo sigue provocando la indignación mundial por las circunstancias que las acompañan, que son propias, en mayor o menor medida, de cualquier conflicto de esta naturaleza desde que el hombre es hombre: muertes de mujeres y niños ajenos al conflicto, uso de armas prohibidas, desesperación por la escasez de recursos, violación de los derechos, desplazamientos forzados, etc. 

El país árabe sufre una inacabable contienda civil en la que se entrometen las potencias regionales y globales para apuntalar a cada bando. Cada día se asemeja más a una guerra mundial de baja intensidad: la guerra de Siria cuenta entre los fallecidos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, con 96.000 civiles. Al menos 652 niños fueron asesinados el año pasado, un 20% más que en 2015, según UNICEF. Estos datos solo tienen en cuenta víctimas oficialmente identificadas; el número real puede ser mucho mayor. No todos se encuentran al tanto del conflicto, o no lo quieren reconocer, lo que ha llevado a algunos analistas a llamar a esta situación como una “guerra a puerta cerrada”.

Para mayores referencias, en total, el conflicto ha obligado a la mitad de la población (22 millones de habitantes antes del inicio de la guerra) a dejar su hogar, según datos de Reuters. En Europa, casi un millón de sirios han pedido asilo: dos tercios de las peticiones han ido a Alemania y Suecia. Todo esto en pleno siglo XXI.

El concepto de paz dentro de la normatividad legal internacional se concibe como uno de los notables progresos alcanzados por la teoría de los derechos fundamentales. En este sentido, el derecho a la paz se fundamenta como un elemento jurídico inherente a la vida y es indispensable para el progreso de todas las naciones. Su mayor desarrollo lo encontramos en la Declaración de Oslo sobre el Derecho a la Paz de UNESCO (1997), la cual define a la paz como un derecho humano inherente a la dignidad de todo ser humano y también como un deber. Por otra parte, la Resolución 33/73 de 15 de diciembre de 1978 denominada “Declaración sobre la preparación de las sociedades para vivir en paz” establece un derecho inmanente de las personas, los Estados y toda la humanidad a vivir en paz, en su sentido más amplio. Y la tolerancia, la igualdad sin discriminación alguna, la responsabilidad del Estado en la promoción de una cultura de paz y la postura antiarmamentista y antibelicista, son premisas del derecho a la paz.

No obstante este reconocimiento ha pasado por muchas etapas para llegar a esta concepción. No obstante no se puede decir hoy en día que es un derecho pleno. No obstante el mundo sigue vulnerando la paz desde diversos frentes. No obstante el rol del Derecho no debe acabarse en esta mera declaración. Si la guerra es un crimen, la paz es un derecho. Pero no cualquier derecho, sino un derecho natural del hombre, tal como lo pensó Rousseau, o en sus fundamentos dogmáticos, el filósofo Kant.

El derecho a la paz es una de las ficciones jurídicas que solo se entienden por el estudio de sus matices en oposición: la guerra, el conflicto, la controversia. El lado dark de los seres humanos desde sus primeros albores. Son muchos los escenarios que gatillaron su positivización y configuraron su marco jurídico evolutivo, fundamentalmente a partir de las consecuencias de la II Guerra Mundial, y la situación posterior a ésta, que determinó la existencia de la llamada Guerra Fría, que involucró a dos grandes potencias, la comunista URSS y la capitalista EE:UU en una carrera armamentista que ponía a todo el planeta en una situación riesgosa del estallido de una guerra nuclear, que curiosamente es el mismo riesgo que se vive ahora con las acciones de Corea del Norte y EE. UU. 

El cristianismo ha puesto su cuota de importancia en la fuentes conceptuales del derecho a la paz en el tema de las guerras desatadas por la hegemonía religiosa, conocidas como ‘cruzadas’. Las Cruzadas fueron guerras realizadas por los cristianos durante los siglos XI y XIII con el objetivo de reconquistar espacios a la fe musulmana. Los cristianos marchaban desde el occidente hacia el oriente para así combatir por la cruz. Este signo era muy importante para los cruzados, tan así que incluso lo bordaron en rojo sobre sus vestiduras: de aquí es donde se origina el nombre de las famosas “cruzadas”.

El debate en torno a su legitimidad no ha terminado. Lo que es pertinente señalar es que significó no solo un enfrentamiento de muchos siglos en torno a la religión sino que a la postre concentró a todo occidente en las primeras filas del cristianismo con todo lo que ello implica para el devenir del Derecho y la política en esta parte del mundo. Por tanto, si bien no constituyeron un victoria militar en sentido estricto, sí supuso un nuevo esquema en el tratamiento de los temas a nivel jurídico y religioso, lo cual ahondaría en el divisionimo con la prédica de los infieles (musulmanes), y el fortalecimiento progresivo de la concepción del hombre como sujeto de derecho en todo el mundo.

Otro estadio de gran importancia en la evolución de este derecho lo ubicamos en las postrimerias de la Segunda Guerra Mundial, pues apenas finalizada esta se constituyó un hito de especial referencia en nuestro tema: el establecimiento de tribunales militares por parte de los aliados, con la consigna estatutaria de crear como nuevos delitos, los crímenes contra la paz y los de lesa humanidad. Asímismo, se proclamó en el seno de la Organización de las Naciones Onidas, en el artículo 1 de su Carta los propósitos de la institución que son: mantener la paz y la seguridad entre las naciones, tomando medidas de tipo colectivo para prevenir y eliminar todo atentado contra la paz, y que todos los conflictos se solucionen por medios pacíficos, fomentando relaciones de amistad entre los pueblos de los diversos estados, basándose en dos principios: la igualdad y la libre determinación de los pueblos. 

Esta nueva situación de hecho y de derecho, no ha evitado, no obstante, nuevas guerras y conflictos hasta nuestros días, desde la combinación mortal palestino-israelí, la guerra a Irak, y nuevos acomodos y reacomodos en el escenario internacional, incluyendo nuevos agentes y operadores en pos de la paz en el mundo, y la conciencia ciudadana de mantener un estado de convivencia pacífico.

El entendimiento de este derecho puede tener dos frentes: un frente implícito que supone que toda Constitución moderna reconoce el derecho a la paz a partir de su propia interpretación orgánica y sistémica; y el frente positivo, que supone que más allá de la normatividad supralegal que existe, cada norma normarum o carta política debe acoger el derecho a la paz en alguno de sus articulados. Ejemplo de ello lo encontramos en la Constitución colombiana.

En el ordenamiento jurídico colombiano la paz tiene un carácter multifacético: es el fin por el cual se promulgó la Carta Fundamental, es un fin esencial del Estado, es un derecho fundamental de toda persona y deber de obligatorio cumplimiento, es la finalidad inmediata hacia la cual debe propender el Estado y es el origen de los instrumentos contemplados para resolver los conflictos y proteger los derechos fundamentales a nivel interno. La paz en la constituyente colombiana de 1990 tenía no solo el objetivo de pacificar su propia sociedad, sino la de apelar a los instrumentos internacionles para una mejor convivencia.

En efecto, el artículo 22 de su Constitución, según el cual “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”, no solo llena todos los requisitos teóricos de una norma jurídica, sino que se erige como norma fundamental en toda la vida de relación, trátese de las relaciones intersubjetivas o de las relaciones del Estado con sus integrantes. En síntesis: todos tenemos derecho de obrar pacíficamente y, a la vez, estamos obligados a no comportarnos de manera violenta, por lo que el Estado, como garante del ordenamiento jurídico, debe proteger a los que obran conforme a derecho y reprimir a los que obren con violencia. Por esta razón, muchos tratadistas la consideran como un ejemplo para las demás naciones sudamericanas.

Decía el maestro Gros Espiell que la persecución al derecho a la paz existió siempre, desde la Antigüedad, en el pensamiento religioso, filosófico, político y jurídico. Pero la convicción de que esta idea tenía que lograr un perfilamiento jurídico concreto, ser la materia y el objeto de un derecho expresamente declarado y reconocido, surgió en las últimas décadas del siglo XX y se renueva hoy, ante la necesidad de aportar algo positivo a la lucha por la materialización y realidad del concepto de la paz y a la necesidad de situar al hombre, al ser humano, en el centro de esta lucha, como titular de un derecho subjetivo que implica el reconocimiento de deberes correlativos.

Como vemos queda mucho para hacer en materia de este derecho, reconocido aún como anhelo, pero difícil de concretar en la práctica, donde intereses mezquinos llevaron a enfrentarse a los hombres en guerras desde los inicios de la historia de la humanidad. Reconocemos la existencia de grandes problemas en el mundo, pero responder a la violencia con más violencia, genera un círculo vicioso imposible de romper.

Al final de este ensayo nos queda la sensación de que el Derecho todavía es insuficiente para hacer posible la paz ya sea desde un punto de vista hermenéutico o práctico; parece ser que más que un derecho lo que se necesita es un cambio de mentalidad en el hombre de este nuevo siglo. Mientras tanto, el mundo, Siria (o lo que queda de ella) y muchas otras poblaciones azotadas por la violencia, seguirán esperando.

Referencias:

- Bobbio, Norberto, En el problema de la guerra y las vías para la paz, Edic. Gedisa, Barcelona, 1982.
- Alarcón Cabrera, C., Dimensiones de la paz como valor en el constitucionalismo comparado. Sevilla, 1988.
- Galtung, Johan. Paz por medios pacíficos. Paz y conflicto, desarrollo y civilización. Bilbao, 2003.
- Gross Espiell: Derecho humano a la paz:
- Claves para entender la guerra en Siria:
- La guerra Siria, un guerra a puerta cerrada:
- La paz como derecho humano:

(*) Fiscal Adjunto Provincial- La Libertad.

No hay comentarios: