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domingo, 6 de agosto de 2017

EL LEGADO DE MANDELA



Nelson Mandela dijo una vez, ya como mandatario de su país: “la globalización es como el invierno, sabemos que viene y debemos prepararnos para ello”. Por cierto, en su mente regía la idea de vivir una globalización donde el ser humano estuviera en el centro y donde -por la cercanía y convivencias nuevas en el mundo- las ideas de justicia, paz e igualdad tomaran vigencias contemporáneas. ¿Por qué recordarlo ahora? Porque la realidad demuestra la resonancia actual de esas palabras y porque se acerca su centenario.

En julio de 2018 se festejarán y conmemorarán los 100 años del nacimiento de Nelson Mandela. Esa es la razón por la cual la institución que él fundara, The Elders, ha tenido una reunión en Cape Town para preparar esa conmemoración propagando los alcances actuales de su mensaje. Mandela creó la entidad convocando a un grupo de personalidades internacionales para articular consejos y experiencias en pro de un mundo mejor. Ser parte de ese grupo honra y obliga.

The Elders inicia ahora una campaña para ir, con ciudadanos de todo el mundo, por una nueva “Larga Caminata hacia la Libertad” (Long Walk to Freedom), como Mandela diera por nombre a su libro autobiográfico de 1995. Bajo el lema “Caminemos juntos de nuevo” se busca rescatar el mensaje del líder sudafricano a la humanidad: seguir avanzando por el camino donde el ser humano, dentro de su diversidad, refuerce los valores esenciales como son la paz, la justicia, la igualdad y la salud, entendida como resguardo esencial de la vida. Las circunstancias cambiantes del mundo nos llaman a repensar la vigencia de esos valores.

¿Qué diría ahora Mandela sobre el tema de la paz? Es cierto, parece superada la experiencia de ese siglo 20 tan sangriento con dos Guerras Mundiales, pero los conflictos focalizados no desaparecen. Sí, tenemos Naciones Unidas y las guerras entre Estados no se han repetido. Pero ahí están los conflictos locales, las guerras religiosas, ahí el Medio Oriente y su conflictividad sin soluciones reales o las luchas internas en África, mientras los colonizadores del pasado no dejan de intervenir cada tanto. La búsqueda de la paz necesita de unas Naciones Unidas fuertes y activas, de una gobernanza global real y eficiente, de liderazgos convocantes. Por eso, es casi patético ver la actitud de Estados Unidos hoy día.

¿Y la justicia? ¿Cómo se avanza a un mundo más justo? No solamente en términos de justicia social, pero más importante en términos de un Estado de Derecho, de instituciones que funcionen, donde la justicia sea suficientemente independiente del poder de turno y en donde los casos de corrupción sean sancionados con severidad. La interacción entre corrupción y política emerge en todos los continentes. Junto a ello, aumenta la alta concentración de los beneficios en manos de unos pocos mientras se expande esa sensación, ya vigente en los países desarrollados, del fin del sueño de mejor vida para hijos y nietos. Los “millennials” no la tienen fácil.

Y por otra parte, en países emergentes con incipientes clases medias como los nuestros, se ve también como esos sectores se desesperan porque, tras los logros de su propio esfuerzo, emergen nuevas aspiraciones las cuales el Estado no puede satisfacer.

Hay una ciudadanía más empoderada, es verdad. Pero a la vez más escéptica. ¿Cómo se alcanza más justicia, más libertades, cuando la ciudadanía no ve una épica que la convoque? Lo de Mandela fue la idea de un proyecto mayor, de una caminata que obligaba a repensar la realidad, a ver los obstáculos y, a la vez, a tener claras las metas en el horizonte.

Y también él habló del tema salud, pero ahí con las resonancias del derecho a la vida. Mandela lo hizo viendo en su entorno africano el impacto de las pandemias, de las pestes, de la desnutrición y las carencias médicas. Pero es un tema universal: el derecho del ser humano a cuidar su salud, a prevenirla. Y cuando la enfermedad la ataca, disponer de medicamentos y tratamientos en forma igualitaria. Allí la tarea es aún enorme y bien sabemos que en esta materia el mercado no funciona. Las políticas de salud reclaman de grandes consensos sociales y de autoridades firmes en su ejecución.

Mandela dijo poco antes de morir: “Porque ser libre no es solamente sacarse las propias cadenas, sino vivir en una forma que respete y mejore la libertad de los demás”.

Esa es la tarea: dar nuevos horizontes a la libertad en el siglo 21. Rescatar los valores que ese ser humano ejemplar nos entregó: construir juntos por encima de la adversidad. The Elders impulsará un año donde el diálogo sea amplio y diverso a nivel internacional. Y América Latina tampoco está lejos de la tarea, sobre todo si recordamos las palabras de Mandela al visitar Brasil y Argentina hace casi dos décadas: “si la democracia no resuelve los problemas de la gente, se convierte en una cáscara vacía”.

Desde ahora y hasta julio 2018 la caminata puede ser trascendente y profunda. El pensamiento de Mandela no está llamado a ser sólo historia emocionante, sino motor para revisar lo que hoy significan palabras tan esenciales como libertad, justicia e igualdad. En esencia, ver con voluntad y experiencia, como damos nuevos sentidos a la vida de nuestro tiempo.


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